lunes, 31 de octubre de 2011

Yo le Win al Halloween



Hace un año atrás con el ministerio hicimos un programa para Halloween, explicando la trampa que hay detrás de la máscara. Una fiesta que hasta tilda de inocente por los disfraces, caramelos y trucos. Pero que en realidad está muy lejos de ser inocente ya que hay miles de personas que usan este día para entregar sacrificios a Satanás y hacer pactos y maleficios.

Quizás tú no eres uno de esos que está buscando una experiencia satánica, pero en tantos juegos y curiosidades con lo oculto te puedes involucrar en cosas realmente peligrosas, no sólo en lo emocional o físico, sino también en lo espiritual.

Dios desde la antigüedad prohibió la brujería y consultar a los muertos, porque en el fondo era consultar a los demonios. Dios quiere que te mantengas alejado de todo eso, porque solo te llevará por un callejón obscuro donde vas a ser presa del enemigo de tu alma.

Hoy los cristianos en vez de hablar de los muertos y demonios debemos hablar de Aquel que venció a la muerte, Jesús el dador de la Vida, el Pan de vida; quien puede traer luz y esperanza al corazón más obscuro y afligido. Jesús siendo el creador y sustentador de la vida, vino a este mundo y entregó su vida por ti y por mí en una cruz. Derramó su sangre para limpiarnos de nuestros pecados y resucitó venciendo a la muerte para darnos vida eterna. La muerte ya no tiene poder sobre todo aquel que haya recibido a Cristo en su corazón, todo aquel que se acerca a Jesús es recibido por Él. Porque Jesús mismo dijo: “el que a mí viene, no le hecho fuera”.

Que gran esperanza y victoria que hay en Jesucristo, que gran salvación, vencer la muerte, el pecado y aún al mismo Satán, al que tenía el poder de la muerte. No te sientas perseguido o afligido, hoy hay esperanza para ti.

Puede ser que seas uno de los que está buscando una salida a toda esta opresión demoníaca, puede ser que te encuentres abrumado por lo que el diablo quiere hacer en tu vida. Realmente no te conozco ni sé lo que estás pasando, pero hay Alguien que sí y te está buscando, quiere darte paz, libertad y perdón. Sólo ríndete a sus pies y clama por salvación, Jesús te ama y Él es la luz de este mundo que quiere llenar de luz tu vida.

Heb 2:9  Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.
10  Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.
14  Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,
15  y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

domingo, 30 de octubre de 2011

Con los oídos limpios



Hace un tiempo atrás, mi hijo Ariel tuvo una serie de complicaciones con su oído, sufrió de frecuentes cuadros de otitis, esto provocó que un líquido espeso como pus se quedara en su oído medio; la consecuencia: comenzó a perder audición. Poco a poco nos dimos cuenta que no escuchaba bien, tenía que subir el volumen del televisor y cuando le decíamos algo nos decía la típica pregunta: ¿qué? Y realmente era irritante repetir una y otra vez las cosas, pero no sólo para nosotros sino también para él; porque se sentía mal, ya que no escuchaba y no entendía lo que les decían.

Luego de varios exámenes médicos, lo más recomendable fue hacerle una cirugía y colocar unos tubos de ventilación en el oído medio. Casi inmediatamente la hipoacusia desapareció y volvió a escuchar, hoy escucha perfectamente y creemos con Esther, mi esposa, que a veces escucha más de lo que debería.

Pero aprendí algo de todo esto. Cuando hay una infección, algo que contamina tu oído no te deja escuchar bien y si el problema persiste y no lo corriges hasta puedes perder la audición en gran manera.

Creo en lo personal que en nuestra vida cristiana pasa algo parecido, a veces hablo con personas que me dicen: “yo no puedo escuchar a Dios”, “creo que Dios se olvidó de mí”, “no sé para qué orar si Dios no me responde”. Con la experiencia de mi hijo, no creo que estas personas estén mintiendo o exagerando, ellos realmente no escuchan la vos de Dios; oran pero no perciben respuesta alguna. Pero no es porque Dios no les responde, sino porque algunos de ellos tienen tapado los tímpanos con infección.
Una vez en una campaña evangelística en las costas del Ecuador, estuve con un doctor un cirujano maxilofacial, toda una eminencia en la medicina, quien dio una conferencia. El Doc T, como le decíamos, dijo una frase que me quedó grabada en la mente: “toda infección es quirúrgica, no puedes solamente dar antibióticos, en algunos caso la única solución es sacar la pieza infectada”. Él hablaba de odontología y un diente infectado necesita ser extraído o ser tratado quirúrgicamente. Bueno no soy médico, no soy odontólogo, pero algo aprendí. Que cuando hay algo malo en ti debes quitarlo, porque si no vas a seguir enfermo.

Volviendo al tema de escuchar a Dios, quiero hacer referencia a dos pasajes en la Biblia que para mí pueden explicar por qué algunos no escuchan a Dios.

La primera se encuentra en el evangelio de Juan

Jua 10:27  Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

Jesús nos da una pista de por qué alguno no le escuchan. “Porque no son sus ovejas”, algunas personas no pueden escuchar a Dios porque no les pertenecen, nunca fueron comprados con la sangre de Cristo, nuca pidieron a Dios perdón por sus pecados, ni fueron hechos de la familia de Dios.

El otro grupo de personas que no escuchan a Dios, que son sus hijos, pero que no le escuchan es porque quizá tengas cosas en sus cabezas que les están infectando el oído. Pensamientos humanos, ideas del mundo, música que apela a su pasiones, ideas que Satanás trae a sus cabezas para distraerlos del llamado de Dios que a la larga se convierten en verdaderas infecciones y necesitan ser drenadas. Estas infecciones te debilitan tanto, te quitan tanta energía y vigor, que no tienes tiempo ni ganas para hacer lo que Dios te pida, y estás tan embotado que no puedes escuchar lo que Él te dice.

El otro pasaje que te quiero mostrar es el de 1 de Samuel, cuando Dios llama a Samuel, dice que lo llamó en un momento en que la lámpara de Israel se estaba por apagar, cuando la gente ya no recibía Palabra de Dios, aun cuando, Elí, el sacerdote ya no escuchaba a Dios. Bueno él no quería escuchar a Dios porque tenía una infección, el amor por sus hijos.

1Samuel 3:4  Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí.

Pero este adolescente Samuel escuchó al que lo llamaba y estaba dispuesto a obedecer, dijo: Estoy aquí Señor, que quieres que haga. Toda la vida de Samuel se caracterizó por hablar con Dios y escucharlo, toda su vida fue marcada por una vida de obediencia, de andar con el Padre. Samuel podía escuchar a Dios, podía atender a su voz, hacer su voluntad. No había cosa alguna en él que estorbe en su comunión. Tenía los oídos limpios.

Y tú, ¿necesitas un otorrino? Estás escuchando a Dios, tienes esa sensación de que no estás escuchando a Dios; Él te habla todos los días, puede ser que no lo sientas porque tus oídos deben estar tapados. Hazte un examen y limpia tu vida.

sábado, 29 de octubre de 2011

Enojado con Dios


¿Te has enojado con Dios alguna vez? Estoy más que seguro que sí, en algún momento de tu vida te ha pasado; quizá no te diste cuenta pero las reacciones de tu vida pueden mostrar cierto enojo o descontento. Yo debo confesar que sí me he enojado y no porque Dios haya sido malo conmigo o no me haya atendido o me ha hecho pasar por un mal rato, sino porque no entendía lo que Él quería hacer o no aceptaba lo que Él deseaba para mí.

La principal razón de enojo con Dios no es porque nos sentimos lastimados por Él, sino que no nos gusta su plan y queremos seguir con el nuestro. A veces no aceptamos lo que Dios quiere o está haciendo y nos rebelamos contra Él. Escuchamos las mentiras del diablo que nos dice que Dios no es tan bueno y que no se preocupa de nuestros intereses; “tienes derecho a dormir más, preocuparte por ti un poco y no tanto por los demás; ¿trabajas tanto para dar tu dinero a la iglesia? En fin, siempre hay pensamientos que se levantan contra Dios.

Jonás huyó de la presencia de Dios (como si eso fuera posible) porque no quería predicar a un pueblo al que él odiaba. Ya saben lo que paso; se metió en un barco, vino la tormenta, al agua pato, le trago el tío de Nemo y se arrepintió; oró, pidió perdón y fue vomitado en una playa justamente en el lugar al cuál no quería ir. Al final estaba donde Dios quería que esté. Aun con un poco de susto por el traumático viaje en primera clase en Royal Fish, fue y predicó. Añorando que no se hayan arrepentido, se quedó a esperar la destrucción que nunca llegó, lo cual le molestó y se enojó con Dios porque Dios es muy bueno y misericordioso. Pero… ¿Acaso no recibió él, perdón de Dios cuando se lo pidió dentro del pez? Qué curioso que somos, somos más propensos a esperar el juicio de Dios que su gracia.

Bueno, para terminar la historia, Dios perdonó al pueblo de Nínive y Jonás confronta a Dios. Jonás no quería predicar a este pueblo porque esperaba que Dios los destruyera, así que, dice la Biblia:

Jonás 4:1  Pero Jonás se disgustó en extremo,  y se enojó.

Definitivamente Jonás no sabía lo que estaba diciendo. Él conocía del amor y misericordia de Dios, lo experimentó también, pero justamente su misericordia daba rabia a Jonás. Jonás quería venganza, sangre corriendo por las calles, fuego cayendo del cielo; pero sólo pudo ver una mañana tranquila de paz y escuchó cánticos de alabanza a lo lejos. Jonás se moría de la bronca y arremetió contra Dios, insolentemente le dijo:

Jonás 4:2  … ¡Ah,  Jehová!,  ¿no es esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra?  Por eso me apresuré a huir a Tarsis,  porque yo sabía que tú eres un Dios clemente y piadoso,  tardo en enojarte y de gran misericordia,  que te arrepientes del mal.
4:3  Ahora,  pues,  Jehová,  te ruego que me quites la vida,  porque mejor me es la muerte que la vida.
Hay mucho para profundizar, pero sólo quiero que pienses en tu vida por un momento; ¿Estás enojado con Dios? ¿Es racional hacer eso? ¿Será que tu egoísmo o deseo de hacer tu voluntad te ciega y no puedes ver la gracia y el amor de Dios?. 
El enojo contra Dios se revela en tu tiempo de oración, porque cuando no quieres orar es porque no quieres hablar y quedar de acuerdo en qué harán juntos ese día y solamente quieres hacer tu vida sin ayuda de nadie. Cuando dejas de pasar tiempo a solas con Dios y no sabes muy bien por qué, quizás sea porque hay algo en tu corazón que no concuerda con tu Señor y en cierto modo, de alguna forma estás enojado con Dios. Examina tu corazón, mira dentro tuyo y, como dice el apóstol Pablo: Quita de ti toda amargura, enojo, ira y todo aquello que te haga rebelarte contra el plan perfecto de Dios.

jueves, 27 de octubre de 2011

El Lugar secreto



Cuando éramos niños siempre teníamos lugares especiales de juegos, donde nos disfrazábamos, jugábamos y contábamos historias. Un lugar secreto, que quizá pocos tenían acceso. Un lugar donde todos éramos importantes y capaces de hacer cualquier cosa. Lo gracioso es que ese lugar podía ser cualquier lado, hasta bajo de las cobijas, todo se transformaba cuando entrabamos al lugar secreto.

Ezequiel 3:22  Luego el Señor puso su mano sobre mí, y me dijo: «Levántate y dirígete al campo, que allí voy a hablarte.»

Al leer este pasaje pensé en esto, en un lugar secreto donde puedo escuchar la voz de Dios. ¿Tienes uno? ¿Te encuentras a solas con Dios? ¿Él te invita a caminar para conversar?

Creo que es muy importante para cada uno de nosotros que tengamos un lugar secreto donde nos encontremos con Dios, donde podamos pasar tiempo a solas con Él. Donde podamos leer las Escrituras y orar. El Señor Jesús nos decía que entremos en nuestro aposento y cerrada la puerta oremos al Padre. Algo que tengo bien claro es que el lugar no hace a la santidad, no es el lugar sino con la persona con quien pasamos, es estar con Dios. El punto de tener un lugar así es para estar a solas con Él; es el hecho que nadie te estorbe, que nadie se interponga entre tú y Él.

Dios está muy interesado en hablar con nosotros; es Él el que nos invita a salir al campo para hablarnos. La pregunta es: ¿por qué?, bueno somos sus hijos, nos compró con la sangre de Cristo y dio todo por nosotros en la cruz. Y simplemente porque nos ama. ¿Necesitas más razones?.

La otra pregunta que me viene a la mente es: ¿para qué?, creo que la respuesta viene del versículo 23, léelo:

Ezequiel 3:23  Yo me levanté y salí al campo. Allí vi la gloria del Señor, tal como la había visto a orillas del río Quebar, y caí rostro en tierra.

Ver su gloria. Cada vez que te acercas a Dios, cada vez que conversas con Él, que lees su Palabra, que tienes un tiempo de quietud para estar en su presencia y orar. Cuando estás a su lado siempre vas a ver su gloria, la forma que obró en el pasado y lo que está haciendo por ti. Esto no es una experiencia del tercer tipo, ni algo extrasensorial; sino que es una realidad, encontrarnos con Dios y conocerlo; mirar tu vida y reconocer tus pecados, reconocer su santidad y lo indigno que somos de estar ante Él, pero por la gracia de Cristo podemos entrar a su presencia, por eso es casi inevitable que el termine este versículo de las siguiente manera: “y caí rostro en tierra”.

No podemos hacer otra cosa que caer a sus pies en adoración al ser objeto de tanto amor y pasión. Él nos llama porque quiere hablarnos, compartir con nosotros; nos lleva a un lugar secreto donde podamos estar a solas, nos muestra su gloria como en el pasado y podemos adorarle, rendirnos y decirle cuánto le amamos. ¿Ya tienes ese lugar? ¿Ya te encontraste hoy con Él?.

Preguntas Claves


Estoy leyendo un libro muy particular, es el tiempo de libro que te hacen reír y reflexionar al mismo tiempo, quizá a algunos les  parezca aburrido o poco interesante, pero a mí me gusta. Se llama: “UN ENEMIGO LLAMADO PROMEDIO”, de John L. Mason. Del grupo Nelson y editorial Betania. Te recomiendo que lo leas.

Cuando lo vi me llamó la atención una advertencia en la portada que decía: “Las verdades en este libro pueden afectar las áreas MEDIOCRES de su vida”. Desde ahí ya me gustó el libro.

Pero me gustaría compartirles un extracto, claro si Mason no se enoja ni me demanda por usar una parte de su libro. Así que voy a resaltar algunas de las preguntas que más llamaron mi atención y me hicieron reflexionar.

Pero una de las gemas que da es la siguiente:

PODEMOS CRECER POR NUESTRAS PREGUNTAS TANTO COMO POR NUESTRAS RESPUESTAS

He aquí algunas preguntas importantes que nos debemos hacer:
  1. ¿Qué decisión tomaría si supiera que no fallaría?
  2. ¿Qué debo eliminar de mi vida que me impide alcanzar todo mi potencial?
  3. ¿Estoy en la senda de algo absolutamente maravilloso, o de algo absolutamente mediocre?
  4. Si todos en los Estados Unidos de América estuvieran en mi nivel de espiritualidad, ¿habría un avivamiento en la tierra?
  5. ¿Sabe el diablo quién soy?
  6. ¿Estoy huyendo de algo, o corriendo hacia algo?
  7. ¿Qué puedo hacer para usar mejor mi tiempo?
  8. ¿Reconocería a Jesús si lo encontrara en la calle?
  9. ¿A quién debo perdonar?
  10. ¿Cuál es mi pasaje favorito de la Biblia para mí mismo, para mi familia y para mi carrera?
  11. ¿Qué cosa imposible creo y planifico?
  12. ¿Cuál es mi pensamiento más predominante?
  13. ¿Hay algo que anteriormente me haya comprometido a hacer, y que haya abandonado?
  14. ¿Qué hace que las personas que más respeto ganen mi consideración?
  15.  ¿Qué haría en mi situación una persona realmente creativa?
  16. ¿Qué influencias externas me están haciendo mejor o peor?
  17. ¿Puedo guiar a alguien hacia Cristo?
  18. ¿En qué áreas debo mejorar en términos de desarrollo personal?
  19. ¿Qué dones, talentos o cualidades tengo?
  20. ¿Qué puedo hacer por alguien que no tiene la oportunidad de retribuirme?

Bueno, no voy a decir nada más, sólo te animo a que contestes estas preguntas y seas sincero, puede afectar tu vida. La mía ya la hizo.