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martes, 29 de diciembre de 2015

¿Duermes?

Yo he podido experimentar esto de llegar tan cansado y desplomarme en la cama y dormir totalmente agotado por un día lleno de trabajo y aunque no tenía mucho dinero tenía la satisfacción de haber trabajado. Y no me refiero al trabajo tras un monitor, sino a pintar las paredes de una escuela o limpiar un terreno y cortar el pastor por horas bajo el sol; un verano tuve que limpiar una piscina todos los días desde las 6 de la mañana hasta las 10, terminé más moreno de lo que soy normalmente. Así que esas horas de descanso bien merecidas son realmente dulces.

Eclesiastes 5:12  Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia.

Pero triste es la vida del que sólo se pasa afligido por lo que tiene o quiere y por el miedo a perder lo que tiene. Algunos tienen tanto que no pueden descansar porque las preocupaciones no les dejan. Luchan tanto por alcanzar sus ambiciones que después no pueden disfrutarlas porque ahora viven para ellas. Conocí a un hombre que planificación su retiro de vejes, pero tras cambios en el sistema de gobierno de su país, toda esa estrategia de vida, se perdió y ahora pagaba tantos impuestos por sus vienes que sólo podía tener dos opciones: o vendía lo que tenía, o trabajaba para poder pagar los impuestos y no se desprendía de lo que por años logró alcanzar. Realmente es frustrante para mí pensar en esto. 

Dios quiere darte una vida abundante, pero esto no habla de riquezas materiales sino de momentos ricos y llenos de gozo. Trata de que tu día tenga un espacio para cada cosa importante; el trabajo debe proveer lo necesario para que puedas disfrutar de tu familia y de los amigos; disfrutar un café, de una caminata; de una buena película en el cine o una tarde de juego con amigos o familia.


¿Cuánto tiempo dedicas a tu trabajo?, ¿Duermes?, ¿El trabajo te absorbe o es la herramienta para alcanzar el bienestar familiar?. Mira bien cómo inviertes tu tiempo y cómo eres ante el deseo de tener bienes materiales. Dios te quiere dar lo mejor, disfruta de lo que te da.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Podría ser mejor

El descontento es más común de lo que te puedes imaginar. Cada día en diferentes ámbitos nos encontramos haciendo reparos o quejándonos de la situación, no nos gusta nuestro corte de cabello o estos gramos de más. Usamos la típica frase: “estaba bien, pero pudo estar mejor”.


Realmente es difícil luchar con el descontento porque es parte inherente del hombre. El descontento puede servir para algo, para no conformarnos con lo actual y buscar nuevas fronteras o innovar en nuevos emprendimientos. El descontento te impulsa a salir del molde. Pero también es un problema, las personas que no encuentran nada bueno en lo que tienen o en los que están a su alrededor reflejan no sólo una desaprobación de eso, sino que demuestran que se sienten insatisfechos consigo mismo y con Dios. ¿Por qué Dios?, porque es Él quien da todas las cosas y tiene un propósito en cada una de ellas. Si no acepto lo que Dios me da, en cierto modo rechazo su plan para mí, rechazo a Dios y Él sabe que es lo mejor para mí.

1Timoteo 6:6  Es cierto que con la verdadera religión se obtienen grandes ganancias, pero sólo si uno está satisfecho con lo que tiene.

Dios puede traer muchas bendiciones a tu vida, en muchos aspectos de ella; pero si no aprendes a contentarte con lo que tienes, de nada servirá, te volverás un ingrato y menospreciarás las bendiciones de Dios.

A lo práctico:
1-      Mira lo que tienes y evalúa cómo sería tu vida sin eso.
2-      Toma tiempo para agradecer a Dios por lo que tienes, no importa cómo te sientas hoy con eso. El gesto de agradecimiento te hará amar lo que Dios te dio.
3-      Piensa en razones de por qué Dios  no te da ciertas cosas. Quizás te está librando de algo.
4-      Usa lo que tienes, a pesar de que es lo mejor en el mercado y tecnología, aprovecha las ventajas de lo que sí es. Úsalo.
Quita de tu vocabulario la queja, sólo te traerá tristeza.

sábado, 29 de octubre de 2011

Enojado con Dios


¿Te has enojado con Dios alguna vez? Estoy más que seguro que sí, en algún momento de tu vida te ha pasado; quizá no te diste cuenta pero las reacciones de tu vida pueden mostrar cierto enojo o descontento. Yo debo confesar que sí me he enojado y no porque Dios haya sido malo conmigo o no me haya atendido o me ha hecho pasar por un mal rato, sino porque no entendía lo que Él quería hacer o no aceptaba lo que Él deseaba para mí.

La principal razón de enojo con Dios no es porque nos sentimos lastimados por Él, sino que no nos gusta su plan y queremos seguir con el nuestro. A veces no aceptamos lo que Dios quiere o está haciendo y nos rebelamos contra Él. Escuchamos las mentiras del diablo que nos dice que Dios no es tan bueno y que no se preocupa de nuestros intereses; “tienes derecho a dormir más, preocuparte por ti un poco y no tanto por los demás; ¿trabajas tanto para dar tu dinero a la iglesia? En fin, siempre hay pensamientos que se levantan contra Dios.

Jonás huyó de la presencia de Dios (como si eso fuera posible) porque no quería predicar a un pueblo al que él odiaba. Ya saben lo que paso; se metió en un barco, vino la tormenta, al agua pato, le trago el tío de Nemo y se arrepintió; oró, pidió perdón y fue vomitado en una playa justamente en el lugar al cuál no quería ir. Al final estaba donde Dios quería que esté. Aun con un poco de susto por el traumático viaje en primera clase en Royal Fish, fue y predicó. Añorando que no se hayan arrepentido, se quedó a esperar la destrucción que nunca llegó, lo cual le molestó y se enojó con Dios porque Dios es muy bueno y misericordioso. Pero… ¿Acaso no recibió él, perdón de Dios cuando se lo pidió dentro del pez? Qué curioso que somos, somos más propensos a esperar el juicio de Dios que su gracia.

Bueno, para terminar la historia, Dios perdonó al pueblo de Nínive y Jonás confronta a Dios. Jonás no quería predicar a este pueblo porque esperaba que Dios los destruyera, así que, dice la Biblia:

Jonás 4:1  Pero Jonás se disgustó en extremo,  y se enojó.

Definitivamente Jonás no sabía lo que estaba diciendo. Él conocía del amor y misericordia de Dios, lo experimentó también, pero justamente su misericordia daba rabia a Jonás. Jonás quería venganza, sangre corriendo por las calles, fuego cayendo del cielo; pero sólo pudo ver una mañana tranquila de paz y escuchó cánticos de alabanza a lo lejos. Jonás se moría de la bronca y arremetió contra Dios, insolentemente le dijo:

Jonás 4:2  … ¡Ah,  Jehová!,  ¿no es esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra?  Por eso me apresuré a huir a Tarsis,  porque yo sabía que tú eres un Dios clemente y piadoso,  tardo en enojarte y de gran misericordia,  que te arrepientes del mal.
4:3  Ahora,  pues,  Jehová,  te ruego que me quites la vida,  porque mejor me es la muerte que la vida.
Hay mucho para profundizar, pero sólo quiero que pienses en tu vida por un momento; ¿Estás enojado con Dios? ¿Es racional hacer eso? ¿Será que tu egoísmo o deseo de hacer tu voluntad te ciega y no puedes ver la gracia y el amor de Dios?. 
El enojo contra Dios se revela en tu tiempo de oración, porque cuando no quieres orar es porque no quieres hablar y quedar de acuerdo en qué harán juntos ese día y solamente quieres hacer tu vida sin ayuda de nadie. Cuando dejas de pasar tiempo a solas con Dios y no sabes muy bien por qué, quizás sea porque hay algo en tu corazón que no concuerda con tu Señor y en cierto modo, de alguna forma estás enojado con Dios. Examina tu corazón, mira dentro tuyo y, como dice el apóstol Pablo: Quita de ti toda amargura, enojo, ira y todo aquello que te haga rebelarte contra el plan perfecto de Dios.