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lunes, 24 de septiembre de 2012

Cuando la conciencia acusa

Todo creyente lucha con su conciencia. Algunos tienen un trato con ella: "tú no me molestas y yo no te cauterizo", pero esto solamente es un chiste. La conciencia es esa vocecita interior que te dice lo que estás haciendo mal. Bueno más que una vocecita, dice el libro de Romanos, que es la ley de Dios puesta en el corazón del hombre: 
Rom 2:14  Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos,
15  mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos,

La conciencia nos indica qué hemos hecho mal y sólo se calla cuando arreglamos el asunto o cuando la matamos y dejamos de oírla. Pero siempre nos dice cómo estamos actuando.
En la vida cristiana muchos tenemos problemas de mala conciencia, o sea, el reproche de aquellas cosas malas que hemos hecho. Esto muchas veces nos lleva a pensar que no hemos sido perdonados y hasta que no somos hijos de Dios realmente; Satanás aprovecha esta situación para infundirnos dudas y pérdida de gozo, con el sólo fin de vernos amargados. 

El perdón de Dios es algo incomprensible, no lo puedo llegar a medir ni entender, es así de simple, es como Él actúa no como yo. Dios perdona y olvida mi pecado, me restaura y me coloca en una posición de privilegio; me trata como si nada hubiese pasado. En cambio nosotros no podemos pensar así porque nuestra mente corrompida por el pecado abriga algo que se llama “rencor” y no podemos entender cómo puede perdonar Dios. Pero Dios dice: “ese no es mi problema, yo puedo perdonar de una manera única y me gozo en hacerlo así” y gracias a Dios por eso.

Esta conciencia sucia y acusadora nos lleva a querer crucificar a Cristo otra vez, y entiéndanme bien, lo voy a explicar así: “El pecado me separa de Dios, estoy condenado y merezco el castigo; Dios envía a su Hijo a morir en una cruz y resucita al tercer día para que yo tenga perdón de pecados y vida eterna. Acepto a Jesús en mi corazón y Él borra todos mis pecados, me da una nueva vida y soy hecho hijo de Dios. Ahora su sacrificio fue total, satisfactorio y eficaz no necesito hacer nada más para tener perdón, tampoco tengo que volver a ofrecer otro sacrificio ni cumplir con ninguna liturgia o ritual para ser perdonado, porque Jesús ya pago el precio y fue eficaz. Pero cuando no acepto eso porque creo que Dios me ve de la misma manera en que yo veo, y perdona de la misma manera en que yo lo haría, entonces mi conciencia comienza a acusarme y pide otro sacrificio. La culpa es tan grande que me lleva a pensar que no soy un verdadero hijo de Dios o que Él no perdonaría a alguien que constantemente hace lo mismo y por las dudas vuelvo a hacer una oración, ahora sí, aceptando en mi corazón verdaderamente”. Y esto lo podemos hacer varias veces y el Señor nos  mira sorprendido diciendo: “¡Hey! Ya bastó el sacrificio de Cristo, no tenemos que volverlo a hacer”. Por eso el Señor Jesús en la última cena, al lavar los pies de sus discípulos explicó a Pedro, que el que está limpio, sólo debe limpiar sus pies, veámoslo: 

Jua 13:10 —El que ya se bañó no necesita lavarse más que los pies, porque todo su cuerpo ya está limpio. Ustedes están limpios, pero no todos.

Cuando cometo un pecado (porque somos pecadores por naturaleza y volveremos a cometer pecados), nuestra comunión se ve afectada por este pecado, pero si pecamos podemos confesarlo y ser limpios. No perdemos nuestra salvación porque la obra de Cristo es eficaz y ya no hay otro sacrificio. Es como si al andar por esta vida nos ensuciamos los pies y al entrar a la presencia de Dios vemos que estamos sucios y necesitamos ser limpios, pero no bañarnos, sino solamente lavarnos los pies. Esto dijo Jesús a sus discípulos, pero algo más, Él sabía quienes estaban limpios. Quizá tú puedas ser alguien que vive cerca de Jesús, vas a una iglesia, tratas de ser limpio por tus propios medios y no te has lavado en la sangre de Cristo, tú crees que eres salvo, pero Dios sabe que no. Mira bien si sólo necesitas ser limpio los pies o realmente necesitas bañarte para estar totalmente limpio. El sacrificio ya fue hecho, la invitación es para todos, la mesa está servida, el Padre sólo espera que vengas y seas limpio en su Hijo. 

Tu conciencia es buena aliada, pero recuérdale de vez en cuando que Jesús ya te limpió y que no insista con aquellos pecados ya perdonados. Acepta el perdón de Dios, y sigue adelante. Si eres un hijo de Dios, no necesitas bañarte otra vez, sólo límpiate los pies.

viernes, 13 de enero de 2012

Se me olvidó

No lo puedo creer, hoy después de bañarme tenía en mi mente dos ideas buenísimas para el blog. Pensamientos muy buenos, hasta con versículos bíblicos, pero después entre una cosa y otra, se me olvidó.

Bueno, creo que es genérico, típico de los hombres olvidarnos casi de todo. Si es cierto eso de que los hombres sólo usamos cierta parte del cerebro y el resto está casi intacto, es quizá porque olvidamos donde dejamos las llaves de esa área.

Esto me hace acordar que hace unos años, tuve un periodo de olvidos continuos, ya estaba llegando al borde del colapso porque me levantaba como 6 o 7 veces, en las noches, para ver si dejé la puerta cerrada, la luz apagada, etc. Así que comencé a repetir en voz alta lo que hacía antes de ir a dormir y no levantarme, ejemplo: “apagué la luz del baño”, “cerré la puerta con llaves”, “las llaves dejé en la mesita del pasillo”. Sí, estaba medio loco. Pero después de un tiempo se me pasó, bueno eso creo; la verdad ya no me acuerdo.

Yendo un poco a nuestra vida espiritual, creo que Dios nos conoce muy bien en esa área. Él dejó claras instrucciones de cosas que debemos hacer y las repite muchas veces para que no nos olvidemos de ellas. Como por ejemplo la Cena del Señor. Dijo: “hagan esto en memoria de mí”, quizá porque si no lo recordáramos cada domingo, pronto lo dejaríamos olvidado sobre una alacena o el televisor; sí, como algunos dejan la Biblia sobre un mueble y lo recogen el domingo, le quitan el polvo y lo llevan a pasear a la iglesia.

Sal 88:12  ¿Serán reconocidas en las tinieblas tus maravillas,
 Y tu justicia en la tierra del olvido?


Este pasaje nos habla de la tierra del olvido. ¿Será reconocido la justicia de Dios en la muerte? No, esa es la respuesta a esta pregunta retórica. Tenemos esta vida para recordar y engrandecer la gracia y justicia de Dios. Te alabaré mientras viva, ¿te suena?, es ahora cuando debemos estar recordando la Palabra de Dios, recordar de dónde nos salvó, a dónde nos lleva y la esperanza gloriosa de que estaremos en su presencia por la eternidad.

Tú y yo debemos repetirlo en voz alta como locos lo que Dios ha hecho. Lo que nos promete, para que no nos olvidemos de su misericordia, de su gracia y amor. Hoy haz un recuento de todo lo que te ha dado y verás cuan bueno ha sido contigo y cuanto te ama. Yo lo haré por mi parte.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

La mejor canción



Es difícil decidir cuál es la mejor canción del año, o la que impactó tu vida en todos estos años. No hay que negar que ciertas canciones te conectan con tu pasado o con personas. Con el colegio, tus amigos, algún ex amor. Sea cual sea la música y las canciones tienen ese poder de tocar las fibras más sensibles de nuestro ser y hacernos llorar, sonreír o reflexionar.

Pero la mejor canción aún no se ha escrito, ni se ha cantado, es más ni aún se ha tarareado por hombre alguno. No hablo de un tango, chamamé o merengue. La mejor canción no tiene un tono aún, bueno por lo menos para nosotros.

La Biblia está llena de cánticos, lleno de versos que exaltan a Dios. Pero dice que un día cantaremos un cántico nuevo. Algo que nadie aun lo ha cantado, pero sí dice el tema de la canción:

Apocalipsis  5:9  y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;
10  y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes,  y reinaremos sobre la tierra.

Allí en el cielo, en la presencia de Dios, podremos cantar junto a los seres celestes, junto a los siervos de Dios una nueva canción. ¿Cuál es la melodía? no lo sé, ¿Cuál es el tono? ni idea, ni puedo siquiera imaginarlo. Pero no importa; no soy bueno cantando y espero que al tener un cuerpo glorificado se mejore eso. Lo importante es que podré cantar una nueva canción sobre Jesús, porque Él me salvó, me redimió y me permite servirle.

Es increíble que nada de lo que hay aquí en la tierra es comparable con lo que veremos en el cielo. El libro de Hebreos dice que habrá cosas mejores. Todo será sin relación con el pecado, será puro, hecho por la mano del mismo Dios. Que gran esperanza que tenemos los que confiamos en Jesús como Salvador. Deberías poner esta esperanza en otros para que ellos también puedan decir como el salmista:

Salmo 40:3  Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios.
 Verán esto muchos, y temerán,
 Y confiarán en Jehová.

Pon un canto de alabanza en el corazón de un hombre que se arrepiente y un canto de alabanza en el cielo por los ángeles que se alegran de ver a un hombre que se arrepiente. Dile a otros del amor de Dios.

jueves, 1 de diciembre de 2011

El lobo te quiere comer


Me acuerdo que cuando era niño me encantaba ese juego que a veces tengo que jugar con mis hijos. “jugaremos en el bosque mientras el lobo no está. ¿lobo está?...” reza la canción. Y todos salen corriendo y gritando. Crea cierto suspenso, a ver, que va a decir el lobo.

En la vida real, en nuestro día a día como cristianos; vivimos en un mundo lleno de lobos. Satanás el principal enemigo, como macho alfa, guía a la manada de lobos a rodearnos, buscarnos, asecharnos y vigilarnos, esperando una pequeña oportunidad de descuido, de sueño o cansancio para hacernos presa suya.

Las ovejas tienen la característica de ser medios torpes, sólo miran al pasto que van a comer y no a su alrededor. El Señor Jesús sabía muy bien esto y nos comparó justamente con ellas. Nos llamó “manada pequeña”.

También nos envió en medio de lobos rapaces que están dispuestos y listos para atacarnos. A veces esos lobos visten piel de ovejas, pueden ser la falsa doctrina, los malos siervos (a los que el apóstol Pablo llama “perros”, que siguen siendo descendientes de los lobos), los enemigos de la fe, los amigos que te proponen hacer cosas en contra de Dios.

El Señor Jesucristo se muestra como El Buen Pastor, el que da su vida por las ovejas, está para defendernos y guiarnos. También como la Puerta de las ovejas, por el único lugar que podemos pasar y estar seguros, quien siempre está vigilando para que estemos bien. Puede ser que nos descarriemos, que estemos en peligro, pero allí está el Buen Pastor para defendernos.

Que vivamos en un mundo de lobos, no quiere decir que Dios no nos ama o que le divierte ver como corremos por los campos escapando de ellos. Dios nos permite vivir aquí, porque quiere que vivamos bajo su mano, viendo día a día su gracia, protección, amor y cuidado. Los lobos siempre estarán allí afuera, pero nosotros estamos seguros en el redil de Cristo.

No juguemos con los lobos, no son de confiar, alejémonos de ellos. Vivamos siempre dentro del cuidado del Pastor.

Lucas 12:32  No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.

Juan 17:15  No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
 

Mateo 7:15  Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
16  Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
17  Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
18  No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

Mateo 10:16  He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.

Juan 10:14  Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

martes, 29 de noviembre de 2011

¿A qué hora llega la muerte?


Creo que todos nos hemos preguntado esto alguna vez, o quizás: ¿Cuándo moriré?. Pareciera que la muerte es un enigma para el hombre que llama tanto su atención como lo llena de miedo. Existen películas sobre ella, canciones, libros, personas que aseguran hablar con lo que ya no están (claro que sabemos que es un engaño). Algunos tratan de desafiar a la muerte diciendo que no van a ser alcanzados por ella. Otros la veneran, le rinden culto y le hacen fiesta como en México.

Jerome Irving Rodale: fundador del movimiento pro alimento biológico y editor, vaticinó en una entrevista en 1971 que viviría hasta los 100 años. Murió pocos días después, de un ataque al corazón, a los 72 años.
Nadie tiene la vida comprada. Dios nos advierte sobre este tipo de pensamientos, el creernos capaces de controlar o retener nuestras vidas.

Eclesiastes 8:8  No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra, ni la impiedad librará al que la posee.

Nadie puede determinar el día de su muerte, pareciera que tuviera alma propia, que la muerte es un ser que busca a quien devorar. Dios le dio esa autoridad cumpliendo así su propósito. La muerte es el juicio por mi pecado.

El Señor Jesús contó una parábola sobre un hombre, que como Joreme Irving, planificó vivir mucho, pero no temió a Dios y el epilogo de su vida fue INSENSATO.

Lucas 12:20  Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?

Pero tranquilo, hay esperanza. Todo aquel que deposite su fe en Cristo Jesús, todo aquel que cree en que Él vino al mundo, entregó su vida en rescate por nuestros pecados, y que resucitó para darnos vida eterna no debe temer a la muerte. Después de todo, la muerte será sólo el traspaso a su presencia. Jesús fue el único que supo cuándo y dónde iba a morir, lo predijo una y otra vez, y enfrentó a la muerte porque sabía que morir significaba la vida para mí. Él cruzó el valle de la muerte para darme vida eterna, Él sufrió el frio de una tumba para darme calor de hogar en la familia del Padre celestial.

Sí, es cierto, no podemos tener el control del día de nuestra muerte, pero sí la seguridad de dónde nos iremos cuando muramos. Gracias Dios por darme la salvación y vida eterna, gracias Padre por hacer que la muerte en mí sólo sea la forma de llegar a ti. Gracias Jesús por ocupar mi lugar y pagar el precio de mi pecado, gracias por vencer a la muerte y traer vida. Amén.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Con 7 me alcanza


Esto no se trata de un juego de cartas, como el truco que se juega en Argentina, no es que quiero un 7 de oro o de espadas. Pero ¿te has dado cuenta que a veces necesitamos pocas cosas para estar llenos y satisfechos en nuestra vida? Tampoco me estoy refiriendo a algún tipo de dieta de 7 ingredientes o al súper helado de 7 sabores.
En mi vida, en particular, he luchado con mis propios pensamientos derrotistas inducidos por el diablo a que crea que no soy un buen hijo de Dios, que no valgo la pena y que no merezco tanto perdón y amor, en definitiva: “la gracia de Dios se gastó en vano en mí”.

Pero estos 7 versículos cambian radicalmente mi pensamiento, como dice Marcos Vidal: “se me desenreda sola mi madeja… y reconozco tu escritura aunque el renglón esté torcido”. 

Lean por favor:
Tit0 3:1  Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra.
2  Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres.
3  Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros.
4  Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres,
5  nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,
6  el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,
7  para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.

En mi Biblia este pasaje tiene como título: “Justificados por Gracia” y es realmente una declaración de la gracia de Dios.

¿Cómo identificamos la gracia de Dios?

Bueno, para mí hay una palabra clave: “éramos” no sólo es una cuestión de tiempo sino también de modo, porque si éramos implica que ya no lo somos. Y sí, éramos totalmente contrarios y enemigos de Dios, haciendo malas obras, ofendiéndole constantemente. Y es ahí cuando aparece la otra palabra que me muestra la gracia de Dios: “pero”, uff! Qué bueno que exista está palabra. Porque eso significa que existe otra opción, otra oportunidad y es eso justamente lo que la gracia nos da.

Hace un tiempo fui a comprar hamburguesas cerca de mi casa, al regresar a casa, como la calle estaba iluminada, pues era de noche; no me di cuenta que las luces del automóvil estaban apagadas, hasta que vi a un policía hacer señales para que me detenga. Al verlo automáticamente encendí las luces, pero ya era tarde. Él me dijo: ¿sabe usted que eso es una contravención? Sí, le respondí, pero no me di cuenta que salí sin encender las luces. Me miró y agregó: esta vez le dejo pasar, pero la próxima voy a tener que multarlo.

Eso es gracia, que me perdone la infracción. Que me deje en libertad, que traiga alivio a mi vida, porque de verdad, cuando me dijo que me podía ir sentí que volvía a respirar. La gracia tiene esa facultad de darte una nueva manera de encaminar tu vida, desde ese día siempre verifico las luces en la noche cuando voy  a conducir.

Pero… Pero, esta palabra nos muestra también quién nos dio tal gracia y fue Jesucristo. Es Dios el que nos otorgó el perdón por medio de Cristo, no nosotros mismo, no hay nada que podamos hacer para obtener salvación y es Dios y su amor el que no da gracia y no simplemente gracia y ahí nomás, sino que es abundante. Dios da las cosas conforme a SU medida, Dios es grande, perfecto, suficiente y bueno por lo tanto todo lo que da es de la misma manera. Sin esta gracia no podremos vivir. La gracia de Dios siempre te da más de lo que puedes esperar.

Estos 7 versículos hoy deben impactar tu vida, grábalos en tu mente y corazón, ponlos como un recordatorio en tu mano derecha, tenlo frente a tus ojos, donde los puedas ver para que cuando llegue la duda del enemigo te acuerdes de que la gracia pudo más.

domingo, 23 de octubre de 2011

Dame tu corazón

“Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos”. Prov. 23:26

¿Qué podríamos dar a Dios que realmente valga la pena? ¿Un auto, una casa, un televisor, un juguete preferido? La verdad nada de eso le interesa más a Dios que el corazón.
Dios quiere tener una relación personal con nosotros, ser nuestro Padre, nuestro amigo. No necesita cosas materiales, no necesita que hagamos cosas grandes para Él ni pequeñas, sólo le interesa que podamos acercarnos a Él y buscarlo día a día.

¿Por qué Dios quiere nuestro corazón y no nuestros ojos o nuestra boca?
Porque en el corazón están nuestros sentimientos, y quiere que le amemos profundamente.
Porque del corazón salen nuestros deseos y si amamos a Dios buscaremos las cosas que le agradan a Él.
Porque el corazón gobierna nuestros pensamientos, y si tenemos nuestro corazón en Dios haremos cosas que le glorifiquen a Él y le obedezcamos.
Dios quiere nuestro corazón porque si se lo damos, Él nos llenará de alegría y guiará siempre a lo mejor.

¿Qué hará Dios en mi corazón?
Primero lo limpiará de todo pecado. Jesús murió en una cruz, derramó su sangre y resucitó para darnos perdón de pecados y limpiarnos de todos ellos. Si recibimos a Jesús en nuestro corazón, Dios promete aceptarnos como hijos y darnos la vida eterna y estar junto a Él en el cielo.
Segundo, dará esperanza y gozo de saber que estaremos por siempre con Él, que nos ayudará en nuestros problemas y nos cuidará. Estaremos confiados y seguros.
Tercero, nos dará su amor, podremos experimentar y mostrar amor a los demás de una forma que nunca antes lo haríamos. Amaremos a Dios mismo, porque su amor estará en nosotros.
Por último, hará su morada en él. Dios no sólo quiere perdonarnos sino vivir en nosotros, su Espíritu Santo hará su casa en nosotros y estará por siempre aquí. Desde nuestro corazón podrá ayudarnos a vencer la tentación y dejar el pecado, entender y amar la Biblia. Nos guiará a orar y nos mostrará qué hacemos mal y qué ofende a Dios. 

Dios quiere nuestro corazón porque ahí está nuestra vida en sí. Y que mejor lugar es que nuestra vida esté en las manos de Dios.

lunes, 17 de octubre de 2011

Mirarle a los ojos


 ¿Te imaginas ese día glorioso cuando de repente mires hacia el frente y veas su rostro?
La verdad no yo no puedo hacerlo, me cuesta tanto imaginarme al Señor Jesucristo. No porque no crea en Él o me falte la fe, sino porque es demasiado para mi mente tan finita. Es algo que supera la dimensión de mi imaginación.

Puedo leer lo que dicen las Escrituras acerca de Él y su venida, cómo se presentará, cómo lo vio el apóstol Juan, cómo lo describe en Apocalipsis y también algún profeta del Antiguo Testamento. Pero la verdad es que no puedo. ¿Seré muy tonto o corto de imaginación?

Toda mi vida pensé que el Señor Jesús se parecía a esos actores de Hollywood. Siempre con un rostro casi inmutable. En otros momentos me imaginaba a alguien con cierto aire de severidad porque mi conciencia sucia no me dejaba verlo como el Buen Pastor sino como el amo enojado. Es más fácil para mí pensar en que viene como Juez, como el que cabalga, como el que disciplina y no como el Sanador, Protector y Amoroso novio que viene por su esposa.

Pero esa es mi mente, gracias a Dios. Es mi mente y no la de Dios, quien tiene otra visión de la realidad, una visión muy diferente a la mía. Una visión manchada con la sangre de Cristo y no manchada por el pecado como la mía. Una visión llena de amor y de justificación y no de juicio y venganza.

Estas palabras de amor me hacen reconocer cuán diferente soy a Cristo y la forma de verme a mí mismo y su gracia.

Cantares 2:14  Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes,
 Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz;
 Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.

El mayor anhelo de Cristo es ver el rostro de su novia la iglesia, o sea nosotros. Oír su voz. Nada hay más importante que estar en su presencia, contarle lo que nos pasa, porque Él desea eso.

Isaías 54:10  Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.

Puede ser muy pobre la perspectiva que tengo de lo que soy delante de Dios, pero en realidad no importa lo que yo piense, sino lo que Dios dice que soy para Él.

¿Te has puesto a pensar que muchas veces somos mediocres en lo que pensamos? A veces solamente vemos con la óptica humana y no la del cielo. La que cuenta el valor de la sangre del Amado y la magnitud del amor que nos tuvo para pagar tan alto precio.

No puedo imaginarme cómo es su rostro, no puedo imaginarme cómo es el cielo, sólo puedo leerlo en las páginas de la Biblia y tener una leve idea de cómo será. Pero de lo que sí estoy seguro, es que un día pondrá su mano sobre mi hombro, me llamará por mi nombre y me abrazará porque ya me compró con su sangre, ya me redimió y un día cumplirá su anhelo de tenerme en su presencia al igual que a ti.