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jueves, 6 de septiembre de 2012

Consecuencias del pecado

Muchas veces pensamos que las consecuencias del pecado son visibles, el resultado de una mala decisión, como un embarazo no deseado, una enfermedad, traumatismos por un accidente por conducir borracho, etc. 

Es más, a veces pensamos que hasta que no aparezcan estas consecuencias, realmente no hemos pecado. Creemos que hay una línea de tolerancia, donde Dios soporta y soporta y soporta nuestra desobediencia, hasta que cansado se levanta y nos da un castigo. Pero esto está muy lejos de la verdad.

Las consecuencias del pecado son propias del pecado, es parte de él. Independientemente de la disciplina que Dios nos pueda dar. El pecado lleva consigo las consecuencias; si tengo relaciones sexuales fuera del matrimonio, lo natural es que pueda haber un embarazo o me contagie de alguna enfermedad. Si consumo alcohol puedo sufrir enfermedades por ello. Si apuesto voy a perder mi dinero, si como en exceso voy a engordar, no es un castigo de Dios, es el resultado de mis acciones.

Dios no te dio un hijo a los 17 años porque quiere castigarte. Un hijo es una bendición de Dios, la forma en que lo tienes puede ser la desagradable. Dios no te da SIDA porque andas de prostíbulo en prostíbulo, esa es una enfermedad que puedes tenerla hasta en un centro de salud, por no usar una aguja esterilizada. Las consecuencias son casi como la física y las matemáticas, son calculables, son parte de las estadísticas, puedes saber que dos más dos son cuatro y siempre serán así, si metes los dedos en los enchufes te va a dar corriente; no hay ningún misterio en eso.

Las consecuencias invisibles del pecado son: la pérdida de comunión, la pérdida de gozo, el estancamiento en la vida espiritual. La confusión en la vida, no saber qué hacer ni para dónde ir porque no tenemos la dirección de Dios, estamos solos y sin rumbo.

Lamentaciones 5:15  Cesó el gozo de nuestro corazón;
 Nuestra danza se cambió en luto.
5:16  Cayó la corona de nuestra cabeza;
 ¡Ay ahora de nosotros! porque pecamos.

El pueblo de Israel aprendió esto de la manera más dura, sus vidas llegaron a ser menos que pobres, su esperanza estaba agotada, su gozo había terminado y sus favores acabados. ¿por qué? Por el pecado.

Dios rechaza el pecado, cualquiera sea. Lo condena, hace arder su ira y su juicio viene sobre el pecador irremediablemente. Pero Cristo llevó nuestros pecados sobre sí y sufrió el castigo por nuestros pecados, para que nosotros seamos perdonados. Por eso Dios no nos castiga, sino que disciplina a aquellos hijos que han pecado nuevamente. El castigo cayó sobre Jesús y yo soy justificado.

Pero el pecado se manifiesta en la vida de todo aquel que lo comete. Examina tu vida, tu andar. ¿Tu vida no muestra gozo?, puede ser que estás cansado por todo y es porque no estás caminando con Dios, puede ser que no encuentras paz y no hay satisfacción en ti porque no dejas de amar al mundo. Si es así, confiesa tu pecado y camina a Cristo. Él te dará un nuevo caminar, una nueva dirección y traerá gozo a tu alma.

viernes, 6 de julio de 2012

La clave de la vida


Muchos se preguntan: “¿cuál es la clave de la vida?” suponen que van a encontrar una receta mágica que les hará feliz. Bueno la propuesta publicitaria es que si tienes tal celular inteligente, o más amigos en tu red social, o el televisor con señal satelital, o quizá el automóvil de lujo de este año. En fin miles de que cosas que podrías tener y te haría feliz. Pero creo que ese justamente es el problema: “cosas”.

Si sujetamos nuestra felicidad a cosas siempre estaremos condenados al fracaso. Las cosas se deterioran, pasan de moda, se vuelven obsoletas, se rompen, pierden, nos las roban; son cosas, algo que puedes tener físicamente. Pero si ves bien en tu vida, las cosas que te traen felicidad son las inmateriales, los momentos, las sonrisas, los recuerdos, el amor, los logros. ¿Te acuerdas cuando recibiste un juguete de niño? Podríamos decir: “fui feliz con eso”, pero en realidad fue el juego y la experiencia excitante lo que llenaba de felicidad tu corazón, no el objeto en sí, pues si hoy lo tuvieras en tus manos no te daría la felicidad que deseas. Sencillamente porque la felicidad no está ahí y déjame decirte, nunca lo encontrarás en un objeto.

Por lo que puedo ver en la Biblia hay una clave en vida que puede traer gozo y felicidad en tu vida, no importa lo que piensen los demás, lo que te ofrezcan o lo que tengas, independiente de todo eso, lo que Dios te ofrece es el único modo de tener una vida sana llena de paz y gozo.

Pro 16:6  Con misericordia y verdad se corrige el pecado,
 Y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal.

El problema del hombre no es el dinero, pues lo puedes conseguir trabajando; tampoco la familia, porque puedes arreglar tus diferencias. El verdadero problema está en su propio corazón, su ambición, egoísmo, lujuria, mentira, engaño y avaricia es lo que le lleva continuamente a pecar, caer y hacia el mal. Dios hace lo que no puede hacer el hombre, da misericordia; Él provee de aquello que el hombre no puede obtener por sus propios medios. Y la clave para ser feliz la encontrarás cuando obtengas la misericordia de Dios. Bueno, esta misericordia fue puesta en una cruz hace más de dos mil años. Jesús llevó nuestro castigo por el pecado para que seamos recibidos en misericordia. Él es la Verdad, Jesús dijo: “Yo soy la Verdad y la Vida, nadie viene al Padre si no es por mí”. También dice la Biblia: “conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libre”. Sólo Jesús, la Verdad y Misericordia de Dios puede traer perdón de nuestros pecados y por lo tanto nos corrige del camino de perdición que llevábamos. Este versículo dice: “con Misericordia y Verdad se corrige el pecado” no hay otra manera de corregir el pecado si no es con Jesucristo en tu vida, sólo recibiéndole como tu Salvador podrás corregir lo malo en tu vida y encontrarás la paz con Dios y recibirás su gozo.

La segunda clave para ser lleno de gozo es temer a Dios, ¿Por qué?, porque temiéndole, honrándole, obedeciéndole, siendo fiel podrás disfrutar de su gozo, verás su propósito cumplido en tu vida y disfrutarás de su comunión.  Al tomar en cuenta a Dios en cada momento de tu vida, en cada decisión, a cada paso, te apartarás del mal; pues no querrás ofenderlo, no irías en contra de su Santidad y te apartarías del pecado. Si es Dios el primero en tu mente, en tu corazón podrás gozar de una vida abundante, Él llenará tu corazón de paz, encontrarás descanso y ánimo, fortaleza y vigor para enfrentar los más grandes problemas porque Dios es más grande que todos ellos. Tu vida se rendirá a Él y no importará nada más en el mundo, inevitablemente serás feliz, porque sólo en Él hallarás felicidad.

Si ves que a tu vida le falta algo, no puedes encontrar el sentido y tu situación actual es muy alejada al gozo del Señor, puede ser que no has hecho algo de lo que acabas de leer. No has encontrado la misericordia de Dios y la Verdad, Jesús, sigue siendo un extraño en tu vida, o no rindes tu vida a Dios para que sea tu Señor, no le das la honra que se merece y el pecado siempre te lleva de tumbo en tumbo.

Esta no es una receta mágica, no es un objeto que puedes adquirir, no son pañitos tibios que tratan de calmar tu corazón, es la verdad de Dios, es lo que Él habla a tu corazón porque te ama y quiere que vengas a Él. Es tu decisión, Él dejó su gloria por buscarte y sólo quiere que le digas que le amas de verdad y que lo quieres en tu vida, no lo dejes pasar.

miércoles, 11 de enero de 2012

¿Bailamos?

¿Has escuchado la frase: “me tocó bailar con la más fea”? bueno es una expresión para decir que te tocó la peor parte.

Hoy quiero presentarte a la dama más apasionada, llena de fuego, fuerza y de esplendida figura; con una sonrisa abierta, de labios rojos; ojos seductores y mirada cautivante. Su aroma inunda la habitación, sus manos suaves se desliza por tu hombro y susurra a tu oído: “¿Bailamos?”

No puedes resistirte, ella te atrae y te envuelve, no te deja opciones y cuando menos te das cuenta estás en medio de la pista, bajo las luces de colores, siguiendo el ritmo de una música que sabes que te va a matar, no puedes dejar el compás, no puedes dejar de sentir la palpitación en tu alma y todo, todo gira sin parar. No sabes como hacer para decirle que se detenga, cada vez que intentas hablar, ella coloca un dedo en tu boca y te dice: “una pieza más, está es la mejor” e hipnotizado sigues hasta que caes desmayado.

¿Puede ser esto posible?, sí, ella es nuestra querida y amada dama de rojo; “la Ansiedad”. Tiene el control de las acciones y la vida de cualquiera que se pone en su camino. Avanza segura, sin miedo, sabe que va a ganar. Llega de repente, pero siempre ha medido sus pasos, cada movimiento está milimétricamente programado. Y es hermosa, ¡ah! Claro que sí, nadie puede resistirse a ella, es como una droga que entra por los ojos y llega al corazón, quieres volver a ella una y otra vez, no puedes dejar de bailar su pieza favorita: “la desesperación”.

Tiene una amiga, que por lo general se queda contigo cuando ella se va, su amiga es quien te habla al oído cuando la música para, te acompaña en el camino de regreso a casa y en tus momentos de soledad. “Frustración” es su nombre, aunque no te cae bien, es ese tipo de personas que no puedes evitar, que aunque no quieras terminas hablando y dándole de tu tiempo. Escuchas su voz hasta que por fin caes dormido, eso si es que ella, Frustración, te deja dormir.

La Ansiedad es como esa mujer mítica que seduce con sólo una mirada y que nadie puede resistirse, sabes que es peligrosa, que te hará daño pero sigues sus pasos.

Siempre nos toca bailar con ella. Pareciera que tanto hombres como mujeres terminamos en sus brazos. La Ansiedad es casi parte de nuestro día a día. Es la reacción natural de nuestro organismo ante los conflictos o posibles amenazas. Genera cambios en nuestro metabolismo y conducta. Provoca sudoración, palpitación acelerada, tartamudeo, somnolencia y problemas gástricos. Aumenta la presión arterial y hace que todo en la vida parezca no tener futuro. Ese es su ritmo, así te hace bailar.

Ante circunstancias nuevas, difíciles o problemas que resolver, casi siempre toma el control de nuestras vidas. Y por lo general, somos nosotros mismos los que la buscamos y optamos por bailar con ella. Sí, me entendiste bien, nosotros la buscamos. Ella está ahí, en la barra, esperando que nos acerquemos, quizá simplemente a pedir algo al barman, y cuando estamos coqueteando con ella comienza su show.

La pregunta es: “¿es pecado estar con ansiedad?”. Hay que hacer una diferencia entre ansiedad natural y patológica. Porque a mi parecer sí hay una gran diferencia y una de ellas puede traer aparejada ciertas conductas que son pecaminosas. Pueden llevarte a pecar.

La ansiedad patológica es un trastorno producido por la ansiedad, son aquellas fobias o miedos que son inevitables e incontrolables para el que las sufre. El trastorno va más allá de su voluntad y es permanente en la persona. Por ejemplo el miedo a las arañas. Para las personas que tienen aracnofobia, el simple hecho de escuchar hablar de ellas, las lleva a un estado de ansiedad incontrolable.

La ansiedad natural es el mecanismo de defensa que tenemos ante lo desconocido, nos eleva los niveles de atención y anula algunos sistemas para que estemos listos para enfrentar una lucha o escapar del peligro.

A mi punto de vista, es aquí donde podríamos pecar, en la ansiedad natural, es algo de corto plazo que podemos controlar. Pero que muchas veces no queremos hacerlo, dejamos que la ansiedad tome el control de nuestras emociones y decisiones, nos dejamos llevar por ella y después argumentamos que no pudimos hacer nada, y en el danzar con ella, pudimos haber cometido errores, lastimado a otros y haber ofendido a Dios.

Como cualquier persona estamos sujetos a las emociones, podemos experimentar ira, enamoramiento, felicidad, estrés y ansiedad. Es parte de nuestra naturaleza. La ansiedad es una reacción del cuerpo. El punto es cómo reaccionamos ante ella. Si nos dejamos controlar, manejar o paralizar ante la ansiedad. Si determina nuestras decisiones, conducta y salud. La ansiedad en el cristiano debe ser un accidente, la reacción natural ante un evento pero no una constante. No podemos vivir con ansiedad, no podemos ser controlados por un sentimiento de angustia cuando tenemos el poder de Dios a nuestra disposición.

1Co 9:26  Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire,
1Co 9:27  sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

El Espíritu Santo de Dios producirá frutos en nosotros, esos frutos nos ayudan a vivir con fe o en la fe, nos dan confianza y seguridad en Dios. Una de los frutos es el gozo, la paz, el dominio propio. Estos frutos nos ayudan a vivir sin ansiedad. Controlar nuestros pensamientos y sujetarlos a Cristo, vivir con ánimo y tranquilidad confiando en que Dios tiene el futuro y cada situación en sus manos. Esto nos hace vivir sin ansiedad.

El pecado de la ansiedad
Charles Stanley dijo: “la ansiedad es la incredulidad disfrazada de emoción”

El problema con las emociones, es cuando cualquiera de ellas toma el control en nuestra vida y nos aleja de Dios, nos hacen ver a nosotros mismos o nuestros problemas como lo más importante y Dios queda a un lado. Nos centramos en la ansiedad y dejamos de confiar en Dios. La falta de fe, la duda son pecado. La ansiedad es justamente eso, una reacción ante lo desconocido, pero conociendo el poder de Dios, sabiendo que Él nos ama y nos puede ayudar, vivir en ansiedad, es despreciar la ayuda de Dios y aferrarnos a nuestros sentimientos.

Decimos: “yo soy así, no puedo cambiar”. Bueno justamente de eso se trata, cuando hay áreas en nuestra vida que no podemos controlar o  manejar, es Dios quien debe tomar el control, trabajar en nuestra vida y mostrar su milagro y gracia. Al negarnos al trabajo que Dios quiere hacer en nosotros, al decir: “no, yo voy a hacerlo solo”, al pensar en que nadie puede ayudarnos, ni siquiera Dios, estamos pecando de incredulidad. Nos excusamos detrás de la ansiedad pero en realidad es falta de fe, es no querer que Dios obre, no nos queremos exponer al cambio y obra de Dios. Nos da miedo a que resulte el plan de Dios y me saque de mi estado actual.

Algunas personas aman el pecado de ansiedad, se sienten cómodos con el trastorno emocional, es como una droga, los hace vivir al límite, hace que sean el centro de atención de la familia, hacen que otros vivan preocupados por ella, y consiguen su objetivo de que otros solamente vivan para ellas. Entonces podemos decir que la ansiedad no es sólo falta de fe o confianza en Dios, sino también, egoísmo, egocentrismo y autodestructivo.

También es pecado porque hace vivir en mentira. Las personas ansiosas viven una mentira, un hecho que aún no ha sucedido. Viven catástrofes que no pasan y exageran las situaciones simples. La mentira es necesaria para justificar su ansiedad y la exageración hace creíble ese estado. Para que otros acepten su ansiedad.

John Mason dijo: “el temor y la preocupación son intereses que usted paga con anticipación sobre algo que quizá nunca tenga”

Un proverbio sueco dice: “la preocupación hace que algo pequeño dé una gran sombra”

Yo digo: “la gallina hace demasiado escándalo, pone un huevo pero grita como si puso un elefante”

Por último, es pecado porque nos hace vivir en desobediencia a Dios:

Salmo 55:22  Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará;

1Pedro 5:7  echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

Filipenses 4:6  Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.

“La preocupación es el triunfo del temor sobre la fe”

La solución
Una persona siempre ve su sombra más grande cuando está de espalda al sol. Si usted no está mirando a Cristo no espere ser libre de la ansiedad. Para vivir sin ansiedad debemos mirar atentamente a las cuatro bases de nuestra fe:
1-    Comunión con la Palabra de Dios: no es posible creer a Dios si no sabemos lo que Él dice. Leer la Biblia es básico en nuestra vida y comunión con Dios, nos da seguridad en lo que Dios promete y nos permite ver cómo Dios ha actuado en el pasado. Aumenta nuestra fe.
Salmo 119:25  Abatida hasta el polvo está mi alma;
 Vivifícame según tu palabra.
26  Te he manifestado mis caminos, y me has respondido;
 Enséñame tus estatutos.
27  Hazme entender el camino de tus mandamientos,
 Para que medite en tus maravillas.
28  Se deshace mi alma de ansiedad;
Susténtame según tu palabra.

2-    Oración diaria: no estamos hablando de orar cuando tenemos problemas, justamente ese es el problema, muchos comenzamos a orar cuando tenemos problemas, cuando ya se nos acaban los recursos vamos a Dios. Pero una persona que tiene una vida de oración está preparada para enfrentar situaciones adversas. Vive en dependencia de Dios y puede entender mejor los planes de Dios, porque ve su obrar día a día.
1Pedro 5:7  echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

Busque un tiempo de oración, tome un lista de motivos propios y ajenos, haga una rutina, aunque al principio no vea resultados, aunque sienta igual la ansiedad siga adelante, cada día usted tomará una actitud de dependencia en Dios y podrá estar más seguro de que Él obrará en su vida.

3-    Comunión con otros: es importante que gaste tiempo con otros creyentes que puedan ser de influencia positiva para usted, que le ayude a crecer, que viendo sus experiencias puedan traer confianza a la suya, que puedan orar juntos y aconsejarle. Realice actividades deportivas o caminatas. Preocúpese por otros, visite y ofrende a personas necesitadas. La ansiedad hace que usted se centre en sí misma, pero cuando ve a los demás y sus necesidades, verá que hay muchas otras personas con problemas y que usted puede ser el instrumento de Dios para solucionarlo.
1Juan 3:16  En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
17  Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?
18  Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

4-    Tenga una actitud positiva: domine su estado de ánimo, no se deje manejar por la ansiedad ni la preocupación, controle sus emociones. Aunque parezca difícil usted tiene al Espíritu Santo quien puede ayudarle, el dominio propio es uno de sus frutos. Busque motivos para estar agradecido a Dios, piense en todas las cosas buenas que tiene, en los talentos que Dios les dio, en la oportunidad de ayudar a otros. Haga una lista de cosas que son buenas y favorables en su vida, si no puede hacerla solo, busque a un hermano que le ayude. Lea Salmo 103 anote los motivos para alabar a Dios.
Proverbios 18:14  El ánimo del hombre soportará su enfermedad;
 Mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?

Bailar con la ansiedad puede llegar a matar tu espíritu, te desgastas en una pista que no te lleva a nada, te quita el sueño y la energía. Te hace ver fantasmas y creer que Dios no está a tu lado. No somos personas con un gran problema, somos personas con un Dios grande.


jueves, 29 de diciembre de 2011

¡Fui tan malo!


Recuerda qué fue lo peor que hiciste este año, no importa qué, tampoco me lo cuentes, sólo piénsalo. No sé si lo has superado, si ya puedes olvidarlo o si te lo estoy trayendo a tu memoria. Pero mi intensión no es que tropieces o lo revivas. No sé cuan desagradable pudo haber sido esa situación. Al igual que tú, yo también pasé por momentos feos este año y he cometido pecados; algunos tan absurdos y sin razón que me dan vergüenza recordarlos.

Satanás es experto en recordarte todo lo malo que haces, quizá para alentarte a que lo vuelvas a hacer porque no tuviste consecuencias de tus pecados (eso dice él, pero no es así, siempre hay consecuencias), o porque quiere hacerte pensar que eres una de las peores personas del mundo, un mal hijo de Dios y que no mereces el perdón del Padre, te hace sentir miserable, culpable y fracasado, luego se sienta en su cómodo, toma su vaso de wiski con hielo, enciende su cigarrillo, hace unas bocanadas de humo y dice: “lo hice” y se ríe de ti.

No hay que negar que hemos pecado, no importa cuan feo haya sido la caída, no importa cuanto daño hemos causado, si saben los demás o no. No debemos tratar de ocultar a nuestra conciencia lo que somos ni lo que hemos hecho y mucho menos tratar de engañarnos diciendo que nada pasó, o intentar ocultárselo a Dios. El remedio para esto es: “confesarlo, pedir perdón y darlo por terminado”.
Hebreos 9:13  Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos,  y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne,
14  ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

En la antigüedad debían ofrecer animales en sacrificio por expiación por el pecado, eran para purificarse de sus malas acciones. Pero cuando vino el Señor Jesús y dio su vida como sacrificio por nuestros pecados, borró la totalidad de ellos, nos dio una nueva naturaleza y nos permite estar en la presencia de Dios. Pero este versículo no está hablando de limpiar mi vida de pecado, no habla de salvación sino de comunión, está hablando de limpiar mi conciencia de obras muertas. Ya como hijo de Dios al pecar mi conciencia me dice lo malo que he hecho y debo pedir perdón, luego con el tiempo Satanás y mi propia mente pueden traer a mi memoria aquellos pecados ya perdonados por Cristo y vuelvo a sentir el dolor y la amargura de haber defraudado a Dios, pero para Él ya no hay pecado pues lo perdonó en la Cruz. Sin embargo Dios me da una manera de solucionar mi problema de mala conciencia y es nuevamente: “Cristo”, Él puede limpiar mi conciencia de obras muertas, Él puede darme paz y refrescar mi alma con el perdón de Dios. Es Él quien hace que vuelva a sonreír porque tengo seguridad y gozo de mi salvación, es quien hace caer a Satanás de espaldas de su cómodo sillón, cuando ve que vuelvo a cantar y disfrutar de mi vida abundante en Jesús.

No dejes que tu pasado te condene, sí es cierto, está allí pero ya paso. El pasado tiene la característica de estar muerto y de nunca volver. Déjalo atrás y continúa hacia Cristo cada día.

jueves, 1 de diciembre de 2011

El lobo te quiere comer


Me acuerdo que cuando era niño me encantaba ese juego que a veces tengo que jugar con mis hijos. “jugaremos en el bosque mientras el lobo no está. ¿lobo está?...” reza la canción. Y todos salen corriendo y gritando. Crea cierto suspenso, a ver, que va a decir el lobo.

En la vida real, en nuestro día a día como cristianos; vivimos en un mundo lleno de lobos. Satanás el principal enemigo, como macho alfa, guía a la manada de lobos a rodearnos, buscarnos, asecharnos y vigilarnos, esperando una pequeña oportunidad de descuido, de sueño o cansancio para hacernos presa suya.

Las ovejas tienen la característica de ser medios torpes, sólo miran al pasto que van a comer y no a su alrededor. El Señor Jesús sabía muy bien esto y nos comparó justamente con ellas. Nos llamó “manada pequeña”.

También nos envió en medio de lobos rapaces que están dispuestos y listos para atacarnos. A veces esos lobos visten piel de ovejas, pueden ser la falsa doctrina, los malos siervos (a los que el apóstol Pablo llama “perros”, que siguen siendo descendientes de los lobos), los enemigos de la fe, los amigos que te proponen hacer cosas en contra de Dios.

El Señor Jesucristo se muestra como El Buen Pastor, el que da su vida por las ovejas, está para defendernos y guiarnos. También como la Puerta de las ovejas, por el único lugar que podemos pasar y estar seguros, quien siempre está vigilando para que estemos bien. Puede ser que nos descarriemos, que estemos en peligro, pero allí está el Buen Pastor para defendernos.

Que vivamos en un mundo de lobos, no quiere decir que Dios no nos ama o que le divierte ver como corremos por los campos escapando de ellos. Dios nos permite vivir aquí, porque quiere que vivamos bajo su mano, viendo día a día su gracia, protección, amor y cuidado. Los lobos siempre estarán allí afuera, pero nosotros estamos seguros en el redil de Cristo.

No juguemos con los lobos, no son de confiar, alejémonos de ellos. Vivamos siempre dentro del cuidado del Pastor.

Lucas 12:32  No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.

Juan 17:15  No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
 

Mateo 7:15  Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
16  Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
17  Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
18  No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

Mateo 10:16  He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.

Juan 10:14  Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Lo que es imposible para el chancho


Nunca me lo pude imaginar, pero eso tiene de bueno internet, te da datos que quizá no lo puedas encontrar en un periódico o libro. Me encantan los animales, es más cuando tenía 8 años soñaba con ser veterinario. Siempre tuvimos animales en nuestra casa, crecí en una zona rural en Misiones, Argentina, muy cerca de Paraguay. Teníamos una pequeña chacra o granja, con diferentes animales. Pero sobre todo me encantaban los gatos.

Cada uno de estos animales tienen características particulares que lo hacen especiales y me maravillo con el diseño de Dios en esto. Me parece casi imposible creer que alguien piense que es producto de la evolución. Bueno pero este es otro tema.

Sabían que el chancho, cerdo o cochino, como lo quieran llamar; es incapaz de mirar al cielo, es imposible físicamente para él. No puede levantar su cabeza y mirar hacia arriba, es algo curioso ¿verdad?. Para nosotros pensar en algo así es casi una locura lo podemos hacer sin ningún problema, es lo más natural para nosotros, pero para el pobre chanchito no.

¿Cuál es el punto? No lo sé, me quedé pensando en esto en relación con mi vida espiritual, cuando ando bajoneado, con pocas energías, desanimado, con poca fe, me vuelvo chancho, todo me pesa, me gusta revolcarme en mi propio pecado y desánimo, me gusta estar tirado en el suelo sin que nadie me moleste. Cuando estoy desanimado soy incapaz de mirar al cielo, el fango de mi chiquero, la suciedad que me rodea me mantiene con la cabeza agacha, sólo mirando mi propia condición. Es difícil mirar a Dios cuando estamos desanimados; es difícil creerle a Dios, es difícil pensar en que podemos salir de ese estado, es imposible levantar la cabeza y mirar al cielo.

Estoy seguro que en algún momento te sentiste así, con pocas ganas, sin ganas de mirar hacia arriba, pero Dios hace algo maravilloso en nosotros. Su amor y bondad no saca del chiquero, nos limpia y nos coloca en un lugar de altura, cerca de su presencia, donde es imposible no contemplar el cielo, su gloria, su paz. Donde el Sol irradia tu rostro y la brisa te levanta el ánimo. Donde dejas de ser chancho para convertirte en águila, tienes nuevas fuerzas, alas para volar, razones para estar en el cielo, en lo alto.

Sal 40:1 Pacientemente esperé a Jehová,
 Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.
2  Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso;
 Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.
3  Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios.
 Verán esto muchos, y temerán,
 Y confiarán en Jehová.
4  Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza,…

Dios es el que hace esto por nosotros, nos levanta, nos rescata, nos limpia y nos pone en un lugar seguro. El pasaje dice que “pone un nuevo cántico” que somos “bienaventurados los que confiamos en Él”.

No seas chancho, no quedes mirando la miseria de tu chiquero, clama y espera en Dios, Él hará el resto.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Mirar atrás


Hace unos días hablamos sobre los “3 segundos” que usabas para mirar por los espejos cuando manejas un automóvil y de los riesgos que corremos en detenernos a mirar más de ese tiempo. Pero, me quedé pensando en eso y les seré sincero fueron más de 3 segundos los que me detuve.

La nueva pregunta es: ¿no debo mirar atrás? Para algunos mirar atrás, a su antigua vida, a sus viejos pecados les es un tropiezo, miran hacia atrás para deleitarse y recrearse en lo que vivían y en sus pasiones. El apóstol Pablo decía: “olvidando lo que queda atrás”. Ciertamente es necesario mirar un poco al pasado porque si nos olvidamos de él posiblemente nos olvidemos de la gracia de Dios, de lo que Él ha hecho por nosotros.

Volviendo al ejemplo de conducir un vehículo y mirar hacia atrás, es realmente necesario para saber dónde estamos ubicados. Creo que por eso el Señor recordó a David: “yo te saqué, de detrás de las ovejas”.

Cuando no vemos de dónde nos sacó Dios, podemos caer en la irreverencia de creernos buenos, que merecemos algo más, de que somos dignos de tener cierta posición o privilegio, pasamos a ser autores de la obra, dueños y no obreros.

Dios dijo a Israel y también a nosotros:

Isaías 51:1  Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados.

Nunca te olvides de donde fuiste tomado, nunca olvides quien te salvó, no caigas en la trampa del ministerio: “cuando piensas que lo que estás haciendo es tan importante que no volteas a mirar al que te salvó ni recuerdas de donde saliste”, Satanás es tan astuto que te mantiene ocupado en las cosas piadosas y te hace olvidar de qué eres en realidad: “un pecador redimido”.

Cuando esto ocurre, cuando te olvidas de dónde vienes, cuando no miras de dónde te sacó Dios, eres como la vaca que se olvidó que un día fue ternero. Te pones a juzgar a los demás por su inmadurez (según tú), sus hábitos pecaminosos, sus derrotas, sus fracasos, sus luchas, todo eso como si fuera que nunca te pasó a ti. Dices: “¿cuándo va a cambiar?” y no te acuerdas cuánto tiempo te demoraste tú.  

No recordar de donde nos sacó Dios, no mirar por un segundo, pero sólo por uno, atrás; te convierte en uno que no valora y menosprecia la gracia de Dios, alguien que no da el valor que tiene el perdón ni el precio que costó. No mates la gracia de Dios pensando sólo en tu camino. Mira de donde te sacó, compadécete de los que pasan por lo que tú ya pasaste, ama al débil, recobra fuerzas en la gracia de Dios, gracia que costó mucho para que tú puedas hoy transitar el camino de la vida. No te olvides que un día fuiste ternero.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Cuestión de peso


Cuando era un niño mi hermano Daniel siempre me hacía un chiste, que como no entendía bien la pregunta, yo terminaba cayendo en él. Y la pregunta era: ¿Qué pesa más, un kilo de plomo o un kilo de plumas?

La respuesta obvia para mí era que la pluma pesaba menos que el plomo. Yo siempre consideraba el material y no el peso. Ambos materiales tenían el mismo peso aunque fueran diferentes.

A veces nosotros consideramos al pecado por su material y no por su peso. Creemos que adulterar es un pecado grave, pero que murmurar no lo es; pensamos que robar es un delito que merece ser disciplinado, pero mentir no tiene mucho de malo, que hay mentiras blancas o que se miente por necesidad; bueno si lo vemos de ese lado robar también es por necesidad, por dar comida a los hijos argumentan algunos. Un viejo refrán alemán dice: “el que miente roba y el que roba mata.” Si uno miente estará dispuesto a robar, y si roba es capaz de matar. Una cosa lleva a la otra.

El punto es que no vemos el peso del pecado, sólo vemos el material, el hecho. Dios dice en su Palabra: “la paga del pecado es muerte”. Dios no dice que va a castigar el pecado grave o el pecado que parece ser más pesado, dice “del pecado” no importa cuál. El pecado no se basa en nuestra perspectiva sino en la de Dios. Es a Él a quien ofende mi pecado. Él determina que es y no es pecado. Cuando veo las razones por la que una persona peca o yo mismo peco siempre encuentro justificaciones: no tengo dinero, estaba en problemas, mi pareja no me respeta, mis padres me maltrataron, siempre hay una excusa.

Dios reclamó al pueblo de Israel por su pecado, pero para ellos no parecía que habían pecado, fíjense en todo el libro de Malaquías; una y otra vez Dios les dice yo les amé y ustedes pecaron contra mí y el pueblo respondía: “¿En qué nos amaste? ¿En qué te hemos deshonrado? ¿En qué te hemos robado?. El pueblo siempre tuvo una respuesta a los reclamos de Dios, siempre hubo una excusa, siempre dijeron: “pero esto no es tan malo, estás exagerando Dios”.

Mal 1:6  El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?
Mal 1:7  En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable.

Si decimos que amamos a Dios, honramos a Dios, que queremos exaltar su Nombre, vivíamos de tal manera, llamemos las cosas como son, que el pecado sea reconocido como pecado, confesado como pecado y limpiado en la sangre de Cristo. No acariciemos el pecado y juguemos con él. No lo maquillemos de buenas intenciones. Que un kilo de pecado sea eso: “un kilo”, no importa de cuál pecado, pero que tenga el peso real, el mismo peso que tiene para Dios. Porque Él pagó el mismo precio, la sangre de su Hijo Jesucristo.