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lunes, 24 de septiembre de 2012

Cuando la conciencia acusa

Todo creyente lucha con su conciencia. Algunos tienen un trato con ella: "tú no me molestas y yo no te cauterizo", pero esto solamente es un chiste. La conciencia es esa vocecita interior que te dice lo que estás haciendo mal. Bueno más que una vocecita, dice el libro de Romanos, que es la ley de Dios puesta en el corazón del hombre: 
Rom 2:14  Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos,
15  mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos,

La conciencia nos indica qué hemos hecho mal y sólo se calla cuando arreglamos el asunto o cuando la matamos y dejamos de oírla. Pero siempre nos dice cómo estamos actuando.
En la vida cristiana muchos tenemos problemas de mala conciencia, o sea, el reproche de aquellas cosas malas que hemos hecho. Esto muchas veces nos lleva a pensar que no hemos sido perdonados y hasta que no somos hijos de Dios realmente; Satanás aprovecha esta situación para infundirnos dudas y pérdida de gozo, con el sólo fin de vernos amargados. 

El perdón de Dios es algo incomprensible, no lo puedo llegar a medir ni entender, es así de simple, es como Él actúa no como yo. Dios perdona y olvida mi pecado, me restaura y me coloca en una posición de privilegio; me trata como si nada hubiese pasado. En cambio nosotros no podemos pensar así porque nuestra mente corrompida por el pecado abriga algo que se llama “rencor” y no podemos entender cómo puede perdonar Dios. Pero Dios dice: “ese no es mi problema, yo puedo perdonar de una manera única y me gozo en hacerlo así” y gracias a Dios por eso.

Esta conciencia sucia y acusadora nos lleva a querer crucificar a Cristo otra vez, y entiéndanme bien, lo voy a explicar así: “El pecado me separa de Dios, estoy condenado y merezco el castigo; Dios envía a su Hijo a morir en una cruz y resucita al tercer día para que yo tenga perdón de pecados y vida eterna. Acepto a Jesús en mi corazón y Él borra todos mis pecados, me da una nueva vida y soy hecho hijo de Dios. Ahora su sacrificio fue total, satisfactorio y eficaz no necesito hacer nada más para tener perdón, tampoco tengo que volver a ofrecer otro sacrificio ni cumplir con ninguna liturgia o ritual para ser perdonado, porque Jesús ya pago el precio y fue eficaz. Pero cuando no acepto eso porque creo que Dios me ve de la misma manera en que yo veo, y perdona de la misma manera en que yo lo haría, entonces mi conciencia comienza a acusarme y pide otro sacrificio. La culpa es tan grande que me lleva a pensar que no soy un verdadero hijo de Dios o que Él no perdonaría a alguien que constantemente hace lo mismo y por las dudas vuelvo a hacer una oración, ahora sí, aceptando en mi corazón verdaderamente”. Y esto lo podemos hacer varias veces y el Señor nos  mira sorprendido diciendo: “¡Hey! Ya bastó el sacrificio de Cristo, no tenemos que volverlo a hacer”. Por eso el Señor Jesús en la última cena, al lavar los pies de sus discípulos explicó a Pedro, que el que está limpio, sólo debe limpiar sus pies, veámoslo: 

Jua 13:10 —El que ya se bañó no necesita lavarse más que los pies, porque todo su cuerpo ya está limpio. Ustedes están limpios, pero no todos.

Cuando cometo un pecado (porque somos pecadores por naturaleza y volveremos a cometer pecados), nuestra comunión se ve afectada por este pecado, pero si pecamos podemos confesarlo y ser limpios. No perdemos nuestra salvación porque la obra de Cristo es eficaz y ya no hay otro sacrificio. Es como si al andar por esta vida nos ensuciamos los pies y al entrar a la presencia de Dios vemos que estamos sucios y necesitamos ser limpios, pero no bañarnos, sino solamente lavarnos los pies. Esto dijo Jesús a sus discípulos, pero algo más, Él sabía quienes estaban limpios. Quizá tú puedas ser alguien que vive cerca de Jesús, vas a una iglesia, tratas de ser limpio por tus propios medios y no te has lavado en la sangre de Cristo, tú crees que eres salvo, pero Dios sabe que no. Mira bien si sólo necesitas ser limpio los pies o realmente necesitas bañarte para estar totalmente limpio. El sacrificio ya fue hecho, la invitación es para todos, la mesa está servida, el Padre sólo espera que vengas y seas limpio en su Hijo. 

Tu conciencia es buena aliada, pero recuérdale de vez en cuando que Jesús ya te limpió y que no insista con aquellos pecados ya perdonados. Acepta el perdón de Dios, y sigue adelante. Si eres un hijo de Dios, no necesitas bañarte otra vez, sólo límpiate los pies.

jueves, 12 de enero de 2012

Una buena ducha

¿Te gusta ducharte?. El hecho de haber vivido en varios países me ha mostrado que tenemos diferentes costumbres aun en la ducha. En Argentina por lo general, algunas personas se bañan en la tarde, aunque en mi provincia, Misiones, por el calor llegamos a hacerlo varias veces al día. En otros lugares como Ecuador, la costumbre es en la mañana, ellos no pueden entender “cómo puedes salir de tu casa al trabajo o escuela sin haberte bañado”, y mi respuesta es: “el desodorante bueno es todo”. En algunos lugares se bañan con agua fría, en otros con agua caliente, en tachos o baldes, en tinas, en duchas, con una manguera en el patio del fondo, en fin; la ducha es un evento tan partículas como las personas mismas.

Hay personas que detestan la ducha, como los gatos y otros que podríamos pasar horas bajo ella. Existen aquellos que se dan una buena ducha en cuestión de pocos minutos y otros como yo que menos de 10 sales sucio. Pero cada uno tiene una razón para estar allí, sí, obvio que es por higiene. Pero ¿qué pasa cuando te bañas?, en que piensas, donde va tu mente. ¿Cantas?, ¿Sueñas?, ¿Recuerdas tu infancia?, ¿Planificas tu día?, ¿Repasas la clase que debes tomar?, ¿Ideas tu artículo del blog?. A mí me permite soñar un poco, creo que las mejores ideas que he tenido vinieron del baño, sí, aunque te cause risa, es de ahí donde puedo reflexionar mientras me baño y planifico ciertas cosas para el día o ministerio. Oro, pienso en las cosas que Dios ha hecho y es como mi pequeño espacio donde por los pocos minutos que estoy ahí nadie me molesta. Si suena el teléfono: “estoy en el baño”, si vienen a visitarnos: “espera un momento está en el baño”, es como si fuera tu pequeño escape.

A veces necesitamos espacios o momentos en los cuales podamos estar a solas para pensar y ordenar nuestras ideas, donde podamos, como dice Mark Gungor “entrar en la caja de la nada”; y en lo personal no creo que alguien se quede en blanco sin pensar en nada, sólo que no pensamos en cosas trascendentales y básicas como para compartirlas, divagamos en las ideas y cuando nos pregunten ¿en qué piensas? La respuesta más inmediata es: “en nada”. Pero pienses en algo o en nada, el hecho de tener tu tiempo a solas es importante.




Si queremos sacar mayor provecho a esto de salir de este planeta por unos minutos es buscar algo realmente importante o significativo que puedas hacer en esos minutos a solas. Porque también puede ser un espacio para malos pensamientos, planear una venganza, aumentar tu rencor contra alguien. La idea de que puedas estar a solas es justamente para que hagas algo productivo, medites, pienses en cómo llevaras tu día, qué cambios hacer para que las cosas mejoren, o piensa en la forma de pedir perdón, perdonar o arreglar las cosas con alguien que estás disgustado.

Como te dije, las mejores ideas que he tenido muchas veces vinieron en la ducha. Es mi tiempo para preguntarle a Dios qué quiere que yo haga. No pienses que vas a encontrar a Dios en un lugar específico como la iglesia, un templo, o en la mesa antes de las comidas. Dios está en todo lugar, hasta en el baño. Dios puede atenderte en cualquier momento, aun cuando te estás duchando. Él espera, desea que nos encontremos a solas cada mañana; que le preguntemos cosas, que le contemos cosas; lo que sientes, lo que quieres, lo que amas, lo que te molesta. Quizá pueda ayudarte; quizá tiene en su mano lo que tú quieres pero está esperando que se lo pidas.

El apóstol Pedro dijo al Señor Jesús: “¿a quién iremos?”. ¿Es Dios tu primera opción al momento de buscar soluciones en tu vida?, ¿Cuándo necesitas una buena idea?. Lamentablemente para muchos es la llanta de auxilio, la última opción. No vayas a buscar baratijas cuando tienes el tesoro más grande del mundo a tu disposición, ¿no es Dios suficiente para ti?. Sólo Él tiene lo mejor para tu vida.

Juan 6:67  Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?
68  Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
69  Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.