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martes, 9 de octubre de 2012

La espera desespera

Es increíble lo difícil que es para el ser humano tener que esperar algo, hace unos años atrás escuchábamos un sonido particular al momento de hacer la conexión a internet y nadie se daba cuenta que llevaba varios minutos, pero ahora, si se demora más de 3 segundos, exclamamos: “¡está lenta esta tontería!”. En la medida que avanza nuestra modernidad nos vamos haciendo menos pacientes, todo debe ser inmediato y esto lamentablemente contagia otros aspectos de la vida, y no me refiero a ver los segundos que se demora en llegar un email sino a las áreas emocionales y hasta espirituales.


Un gran dilema entre los jóvenes hoy en día es la ansiedad por tener un noviazgo, pareciera que esperar no es algo que merezca mi consideración. En el mundo de desenfreno la espera no es algo que podamos tenerlo en nuestra lista de forma de vida. Pero hay dos decisiones cruciales en la vida de una persona, y ambas tienen que ver con una relación: la primera es que va a pasar con tu futuro, rechazas creen en Jesús o depositas en Él tu fe y lo aceptas como Salvador, esto determinará tu futuro eterno; la segunda es con quién te vas a casar. Y si bien nos preparamos para muchas cosas en la vida, para dar un examen, para un campeonato, para una presentación de música. A lo menos que le dedicamos tiempo es a pensar si es o no la persona correcta con la que me voy a casar. 

Hay dos aspectos en cuanto a la espera sobre el noviazgo, los que se desesperan por tener una pareja ya, y no pueden esperar y se agarran lo primero que pasó; y los que esperan demasiado y les va dejando el tren.
Los desesperados no miden la importancia de la decisión, piensan que no importa como es la otra persona el algún momento le va a cambiar, grave error, porque esto nunca sucede.
Los pasivos se ponen tan pretenciosos e indecisos que aun teniendo a una gran persona frente a ellos no lo ven, porque piensan que quizá van a encontrar algo mejor en otro lugar y desaprovechan lo que Dios les está dando. 

Un gran ejemplo es el mayordomo de Abraham, quien fue enviado para buscar una esposa para Isaac. Él espero, oró, miró, consideró, vio que se cumplió su pedido y recién allí habló con la muchacha y dio los regalos. Muchos no toman este proceso y se equivocan, comienzan por el final, dan regalos, coquetean y después oran esperando que Dios solucione sus problemas.
Gén 24:12  Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham.
13  He aquí yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua.
14  Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor.
21  Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado su viaje, o no.
22  Y cuando los camellos acabaron de beber, le dio el hombre un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez,
26  El hombre entonces se inclinó, y adoró a Jehová,
27  y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi amo Abraham, que no apartó de mi amo su misericordia y su verdad, guiándome Jehová en el camino a casa de los hermanos de mi amo.

Este hombre oró y esperó, entonces pudo ver la misericordia de Dios y lo alabó. Algunos se quejan hoy de su situación, de su pareja o de su soledad, pero si no oras, no esperas, no podrás ver la misericordia de Dios.

lunes, 17 de septiembre de 2012

¿Por qué no?


He pedido a Dios que me ayude en ciertas ocasiones, le he rogado que me libre de algunos problemas y he pedido algo en particular, pero; como si el cielo estuviera en mi contra se me cierran las puertas, todo me sale mal; el dinero no me alcanza y lo poco que tengo parece que se me pierde.

Y es ahí cuando surge la pregunta: “¿Por qué no?, ¿Por qué Dios no me responde?. Y la verdad es que muchas veces no recibo una respuesta de Dios porque estoy pidiendo como “nene caprichoso” y no estoy atendiendo a lo que Él me quiere enseñar.

La oración es uno de los más grandes milagros que podemos disfrutar día a día. El simple hecho de poder hablar con Dios ya lo es. Pero a veces usamos la oración como el “call center” de una pizzería o cualquier otro negocio con servicio a domicilio. Llamamos, pedimos, damos las instrucciones de cómo “queremos las cosas” y colgamos.

En lo personal creo que Dios, a veces, nos pone en situaciones de aprieto para que pensemos si el problema no está en nosotros. Miren esto:

Hageo 1:6  Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.
1:7  Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.

¿No te suena conocido este episodio?, ¡sí, es mi vida y la tuya!. Parece que nada nos satisface, parece que siempre nos falta, parece que no avanzamos y es porque no estamos viendo cómo andamos. Dios nos ama tanto que quiere guiarnos a los mejores pastos, pero nosotros como tercas ovejas o “borregos”, diría yo; nos descarriamos sin mirar para dónde vamos. Es cuando Dios comienza a llamar nuestra atención y nos dice: “medita, piensa, examina tu camino”. No culpes a otros, no arrojes piedras al cielo, mira si el problema no está en ti antes de acusar a los demás o quejarte de Dios.

Una vez estuve en el centro de la ciudad de Quito en medio de un tráfico terrible, nos movíamos a 10 kilómetros por hora. Después de un rato observé que las personas del vehículo de adelante a cada instante me miraban, comentaban y volvían a mirar. Primero pensé que me conocían, luego pensé que hice algo malo; ya comenzaba a molestarme toda esta situación de que miren a cada instante. Hasta que al fin una de las personas sacó la cabeza por la ventana y me dijo: “señor sus luces están encendidas”. No me había dado cuenta que en algún momento puse las luces altas y estaba encandilando al de adelante. Yo me sentía molesto porque me miraban constantemente pero el problema era que yo les estaba molestando.
Hay algo que no está saliendo bien en tu vida, medita en tu camino. Puede ser que la respuesta esté en que  no estás haciendo algo bien. Puede que Dios quiere mostrarte un camino mejor. Llevarte a un lugar más seguro y lleno de bendiciones. Piensa en lo que Dios dice.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Lo mejor que puedes hacer

Estos días he pasado muy atareado, tanto con trabajo del ministerio como con compromisos de familia. Pareciera que los días no tuvieran sentido, te despiertas y en pocos momentos tienes que dormir. Llegas a media noche cansado y te das cuenta que no hiciste casi nada. Hasta llega a ser frustrante, nuestras limitaciones pueden ser muchas y de diferentes tipos, que al momento de ver el final del día no has hecho nada.

No es algo nuevo, lo he vivido muchas veces, me lo han dicho más; y aunque uno a veces se olvida de las recomendaciones, al pasar por estos momentos he encontrado respuesta en una acción muy simple y personal.

He visitado a varias personas enfermas, he hablado con otras por teléfono, tengo muchas tareas por cumplir, desafíos en el ministerio, necesidades que cubrir, el automóvil se me dañó. Familiares de amigos que ya están por morir y no han escuchado el evangelio aun. Ante estas situaciones uno tiene dos opciones: “o te sientas a mirar el “chismesbook” y dejas pasar la vida porque no puedes hacer nada o reconoces que no puedes hacer nada y le pides a Dios que comience a obrar”.


Orar, sí orar. Quizá digas: “otro estudio de la oración, ¡uff!” pero no quiero darte un estudio sino algo en lo que puedas pensar, porque yo estuve pensando en esto estos días. No he podido dedicar tiempo a escribir o estudiar mucho porque el tiempo se me hacía corto. Muchos de mis amigos pasando por problemas de salud y otros que están tristes. ¿Qué posibilidades tengo de ayudarlos?, ninguna verdad, mira mis capacidades, mira las tuya. No hay nada que podamos hacer para cambiar la situación de ellos, pero sí podemos orar.

A veces es como un consuelo, el hecho de pensar en que oro y por lo menos hago algo, otros dicen: “bueno quizá algo haga si oro”, otros: “orar no cambia las cosas si Dios tiene sus planes”. Pero Dios quiere que oremos, Dios quiere que llevemos ante Él nuestras peticiones, porque está dispuesto a escucharnos y darnos una respuesta. Cuando vemos que nuestro amigo salió bien del quirófano, cuando vemos que se consiguió el dinero que se necesitaba, cuando aprobaste el examen que te tenía sin dormir. No se debe todo al esfuerzo humano, que en gran medida debe intervenir, se debe también a la guía de Dios, el poder de Dios obrando en otros para responder mi oración.

No tomes a la oración como algo que lo debes hacer porque no tienes otra solución, ni como algo que por las dudas funcione. La oración es más que eso, es la forma en que te comunicas con Dios, es entrar ante su trono y contarle lo que te está pasando. Eso se llama: “comunión”. Cuando oras de verdad, muestras confianza en Dios, fe, dependencia, paciencia, esperanza. Pero cuando no buscas a Dios en oración es porque crees que en algún otro lugar vas a encontrar la salida para tus problemas, lo cual es medio tonto, porque teniendo a tu disposición al Creador de todas las cosas dispuesto a ayudarte, vas a buscar en otro lado la solución. Piénsalo, dime si es razonable.

Tal me digas: y ¿el versículo?, bueno ahí va:

Nehemías 1:4  Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.

Nehemías al escuchar de la situación en Jerusalén, hizo todo lo humano y lo sobrehumano que nosotros podemos hacer. Lo humano: se sentó, lloró, hizo duelo. Lo sobrehumano: ayunó y oró. Las cosas que pasaron después no fueron producto de sus llantos y desesperación, el rey no lo vio triste y tuvo lástima de él. Sino que fue el resultado de sus oraciones, por el obrar de Dios.

Nehemías 1:11  Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.

La oración es contagiosa, si tú oras constantemente vas a motivar a otros a orar. Cuando otros te ven orar, también sentirán el deseo de orar. La oración no es simplemente un ejercicio de una viejita en la iglesia, sino de alguien que desea estar en la presencia de Dios porque sabe que no puede hacer nada, y Dios sí.

Tienes que hacer algo en cuanto a tus problemas, proyectos y desafíos. O te quedas sentado frente al computador, o haces como Nehemías, comienzas a orar. Yo, lo siento te dejo, tengo que ir a orar ahora.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Creer o no creer, esa es la cuestión


Es interesante como somos los seres humanos, nuestra mayor tendencia es a desconfiar, a no creer. Quizá porque tampoco somos fieles y veraces en lo que decimos, quizá porque prometemos sabiendo que no lo vamos a cumplir, o que no esperamos que nos crean.

Pienso que muchas veces reaccionamos a lo que nos dicen los demás, porque pensamos que si nosotros estuviéramos en esa posición no lo haríamos sinceramente. Bueno, estoy especulando, no quiero decir que todos hacemos eso. Pero piensa un poco, cuando das una buena noticia a alguien, la gran mayoría dice: “¡no te creo!, ¡mentira!”.

Es curioso que pensamos lo mismo de Dios, cuando Él nos dio por anticipado un aviso y llega el momento no lo podemos identificar ni creer. No digo que no creemos en Dios sino que no le creemos a Él. Cuando estamos ante una promesa cumplida, ante una gran bendición llegamos a dudar hasta de dónde proviene.

Una vez di una ofrenda a un hermano que estaba pasando por una necesidad, realmente Dios movió mi corazón a hacerlo; y cuando se lo di me dijo: “¿y esto, para qué es?, no lo puedo aceptar, no hace falta.” Es increíble, Dios estaba proveyendo para sus necesidades y él se negaba a creer que era de parte de Dios. Pensaba que era por lástima o por compromiso, me persuadía a que le prestara el dinero en vez de que se lo ofrendara. ¿No somos así todos? Dudamos tanto de los demás que no podemos esperar algo gratuito o por amor, siempre pensamos que hay alguna razón escondida.

Los discípulos del Señor Jesús habían escuchado por mucho tiempo que Él sería entregado, muerto y que resucitaría al tercer día, pero la Biblia se encarga de aclarar que ellos no entendieron. Ellos decían: ¡qué lindo! Hace tantos milagros que puede resucitar, pero en realidad no creían que tal cosa sucedería.

Mar 16:11  Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.

De pronto entra en la escena una mujer agitada, casi sin palabras, tanto por el cansancio de haber corrido con la noticia como por la emoción, al contarles lo que sabía, que Jesús había resucitado, no le creyeron. Era todo muy reciente, todo muy traumático. Uno de ellos lo traicionó, el otro le negó, otro estaba todo el tiempo cerca pero no pudo rescatarle. Todos los que decían amarle escaparon. Era demasiada la culpa y el sentimiento de fracaso como para creer en esas cosas. Nosotros prometimos mucho y le fallamos, nadie cumple sus promesas. ¿Cómo crees que haya resucitado? Mujer, estás muy afligida por todo, muy estresada, no dormiste bien y estás alucinando. No te creemos.  

A través de la Biblia que Dios jamás juzgó el miedo del hombre, porque es natural en nosotros, pero sí la falta de fe, la duda. No creer en Dios, en lo que Él dice, no creerle a Él, eso sí es pecado. Dios te dice: “no temas, yo estoy contigo”. Te dice: “ten ánimo, confía”. Te exhorta: “cree en mí, no dudes”.

Quizá estás pasando por momentos en los que te cuesta creer que Dios está obrando, quizá te cueste ver la mano de Dios detrás de todo esto. Pero no dudes, créele a Dios, no decaigas en tu fe. No te olvides que Él es Dios; que es capaz de hacer todo de la nada. No pienses que Él hará las cosas como tú, no hará las cosas a medias sino perfectas, así como Él es.

jueves, 27 de octubre de 2011

El Lugar secreto



Cuando éramos niños siempre teníamos lugares especiales de juegos, donde nos disfrazábamos, jugábamos y contábamos historias. Un lugar secreto, que quizá pocos tenían acceso. Un lugar donde todos éramos importantes y capaces de hacer cualquier cosa. Lo gracioso es que ese lugar podía ser cualquier lado, hasta bajo de las cobijas, todo se transformaba cuando entrabamos al lugar secreto.

Ezequiel 3:22  Luego el Señor puso su mano sobre mí, y me dijo: «Levántate y dirígete al campo, que allí voy a hablarte.»

Al leer este pasaje pensé en esto, en un lugar secreto donde puedo escuchar la voz de Dios. ¿Tienes uno? ¿Te encuentras a solas con Dios? ¿Él te invita a caminar para conversar?

Creo que es muy importante para cada uno de nosotros que tengamos un lugar secreto donde nos encontremos con Dios, donde podamos pasar tiempo a solas con Él. Donde podamos leer las Escrituras y orar. El Señor Jesús nos decía que entremos en nuestro aposento y cerrada la puerta oremos al Padre. Algo que tengo bien claro es que el lugar no hace a la santidad, no es el lugar sino con la persona con quien pasamos, es estar con Dios. El punto de tener un lugar así es para estar a solas con Él; es el hecho que nadie te estorbe, que nadie se interponga entre tú y Él.

Dios está muy interesado en hablar con nosotros; es Él el que nos invita a salir al campo para hablarnos. La pregunta es: ¿por qué?, bueno somos sus hijos, nos compró con la sangre de Cristo y dio todo por nosotros en la cruz. Y simplemente porque nos ama. ¿Necesitas más razones?.

La otra pregunta que me viene a la mente es: ¿para qué?, creo que la respuesta viene del versículo 23, léelo:

Ezequiel 3:23  Yo me levanté y salí al campo. Allí vi la gloria del Señor, tal como la había visto a orillas del río Quebar, y caí rostro en tierra.

Ver su gloria. Cada vez que te acercas a Dios, cada vez que conversas con Él, que lees su Palabra, que tienes un tiempo de quietud para estar en su presencia y orar. Cuando estás a su lado siempre vas a ver su gloria, la forma que obró en el pasado y lo que está haciendo por ti. Esto no es una experiencia del tercer tipo, ni algo extrasensorial; sino que es una realidad, encontrarnos con Dios y conocerlo; mirar tu vida y reconocer tus pecados, reconocer su santidad y lo indigno que somos de estar ante Él, pero por la gracia de Cristo podemos entrar a su presencia, por eso es casi inevitable que el termine este versículo de las siguiente manera: “y caí rostro en tierra”.

No podemos hacer otra cosa que caer a sus pies en adoración al ser objeto de tanto amor y pasión. Él nos llama porque quiere hablarnos, compartir con nosotros; nos lleva a un lugar secreto donde podamos estar a solas, nos muestra su gloria como en el pasado y podemos adorarle, rendirnos y decirle cuánto le amamos. ¿Ya tienes ese lugar? ¿Ya te encontraste hoy con Él?.

viernes, 21 de octubre de 2011

Orar es más que hablar


Debo confesar que me cuesta mucho orar, no es que no ore, ni que no quiera orar, sino en que mis oraciones no se vuelvan repetitivas o superficiales.

Al ver la vida del Señor Jesús, encuentro pasajes como este que me desafían a orar de la misma manera consistente. Orar con el corazón, el pensamiento y el espíritu. Dedicar tiempo a la oración y no divagar en mis pensamientos. No sé si te ha pasado que mientras oras te acuerdas de canciones, escenas de películas o conversaciones que has tenido con alguien y las comienzas a recrear en la mente y cuando menos te das cuenta, han pasado minutos y tú estás en otro lado y no orando. Bueno a mí sí me ocurre y a veces es casi insoportable.

Me encuentro en la lucha con mi carne que no quiere rendirse a Dios; creo que eso debe porque al orar, obviamente, debo confesar mis pecados y dejarlos a un lado, y mi carne no quiere. A veces mi lucha es con hacer las cosas como yo quiero y no exponerlas a Dios para que no me cambien los planes, o porque sé que no estoy tomando las mejores decisiones pero quiero hacerlo de todas formas. Fíjate este versículo:

Luc 6:12  En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.

Orar es mucho más que simplemente hablar con Dios, es más que contarle como me siento o lo que quiero, porque Él ya lo sabe. Orar implica fe, implica creer que Él existe y está escuchando tu oración. Orar implica dependencia, esperar solamente en Él y que sea Él quien haga las cosas en favor tuyo. Orar implica rendirse a sus pies, a su autoridad y soberanía, a su decisión, someterse a su voluntad. Orar requiere esfuerzo porque debemos dejar a un lado nuestros placeres para concentrarnos en Él y enfocar nuestra vida a Él. 

Orar como lo hizo Jesús, toda una noche, es como Jacob que luchó toda una noche y no se alejó hasta recibir la bendición de Dios. Orar es ponerte de acuerdo con Dios, en que sus planes son los que más te convienen y que sus tiempos son los más sabios y que sus bondades son las más ricas.

Aprende a disfrutar de la oración, deja un tiempo en tu vida para orar de verdad.