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miércoles, 28 de diciembre de 2011

La mejor canción



Es difícil decidir cuál es la mejor canción del año, o la que impactó tu vida en todos estos años. No hay que negar que ciertas canciones te conectan con tu pasado o con personas. Con el colegio, tus amigos, algún ex amor. Sea cual sea la música y las canciones tienen ese poder de tocar las fibras más sensibles de nuestro ser y hacernos llorar, sonreír o reflexionar.

Pero la mejor canción aún no se ha escrito, ni se ha cantado, es más ni aún se ha tarareado por hombre alguno. No hablo de un tango, chamamé o merengue. La mejor canción no tiene un tono aún, bueno por lo menos para nosotros.

La Biblia está llena de cánticos, lleno de versos que exaltan a Dios. Pero dice que un día cantaremos un cántico nuevo. Algo que nadie aun lo ha cantado, pero sí dice el tema de la canción:

Apocalipsis  5:9  y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;
10  y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes,  y reinaremos sobre la tierra.

Allí en el cielo, en la presencia de Dios, podremos cantar junto a los seres celestes, junto a los siervos de Dios una nueva canción. ¿Cuál es la melodía? no lo sé, ¿Cuál es el tono? ni idea, ni puedo siquiera imaginarlo. Pero no importa; no soy bueno cantando y espero que al tener un cuerpo glorificado se mejore eso. Lo importante es que podré cantar una nueva canción sobre Jesús, porque Él me salvó, me redimió y me permite servirle.

Es increíble que nada de lo que hay aquí en la tierra es comparable con lo que veremos en el cielo. El libro de Hebreos dice que habrá cosas mejores. Todo será sin relación con el pecado, será puro, hecho por la mano del mismo Dios. Que gran esperanza que tenemos los que confiamos en Jesús como Salvador. Deberías poner esta esperanza en otros para que ellos también puedan decir como el salmista:

Salmo 40:3  Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios.
 Verán esto muchos, y temerán,
 Y confiarán en Jehová.

Pon un canto de alabanza en el corazón de un hombre que se arrepiente y un canto de alabanza en el cielo por los ángeles que se alegran de ver a un hombre que se arrepiente. Dile a otros del amor de Dios.

jueves, 1 de diciembre de 2011

El lobo te quiere comer


Me acuerdo que cuando era niño me encantaba ese juego que a veces tengo que jugar con mis hijos. “jugaremos en el bosque mientras el lobo no está. ¿lobo está?...” reza la canción. Y todos salen corriendo y gritando. Crea cierto suspenso, a ver, que va a decir el lobo.

En la vida real, en nuestro día a día como cristianos; vivimos en un mundo lleno de lobos. Satanás el principal enemigo, como macho alfa, guía a la manada de lobos a rodearnos, buscarnos, asecharnos y vigilarnos, esperando una pequeña oportunidad de descuido, de sueño o cansancio para hacernos presa suya.

Las ovejas tienen la característica de ser medios torpes, sólo miran al pasto que van a comer y no a su alrededor. El Señor Jesús sabía muy bien esto y nos comparó justamente con ellas. Nos llamó “manada pequeña”.

También nos envió en medio de lobos rapaces que están dispuestos y listos para atacarnos. A veces esos lobos visten piel de ovejas, pueden ser la falsa doctrina, los malos siervos (a los que el apóstol Pablo llama “perros”, que siguen siendo descendientes de los lobos), los enemigos de la fe, los amigos que te proponen hacer cosas en contra de Dios.

El Señor Jesucristo se muestra como El Buen Pastor, el que da su vida por las ovejas, está para defendernos y guiarnos. También como la Puerta de las ovejas, por el único lugar que podemos pasar y estar seguros, quien siempre está vigilando para que estemos bien. Puede ser que nos descarriemos, que estemos en peligro, pero allí está el Buen Pastor para defendernos.

Que vivamos en un mundo de lobos, no quiere decir que Dios no nos ama o que le divierte ver como corremos por los campos escapando de ellos. Dios nos permite vivir aquí, porque quiere que vivamos bajo su mano, viendo día a día su gracia, protección, amor y cuidado. Los lobos siempre estarán allí afuera, pero nosotros estamos seguros en el redil de Cristo.

No juguemos con los lobos, no son de confiar, alejémonos de ellos. Vivamos siempre dentro del cuidado del Pastor.

Lucas 12:32  No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.

Juan 17:15  No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
 

Mateo 7:15  Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
16  Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
17  Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
18  No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

Mateo 10:16  He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.

Juan 10:14  Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

martes, 29 de noviembre de 2011

¿A qué hora llega la muerte?


Creo que todos nos hemos preguntado esto alguna vez, o quizás: ¿Cuándo moriré?. Pareciera que la muerte es un enigma para el hombre que llama tanto su atención como lo llena de miedo. Existen películas sobre ella, canciones, libros, personas que aseguran hablar con lo que ya no están (claro que sabemos que es un engaño). Algunos tratan de desafiar a la muerte diciendo que no van a ser alcanzados por ella. Otros la veneran, le rinden culto y le hacen fiesta como en México.

Jerome Irving Rodale: fundador del movimiento pro alimento biológico y editor, vaticinó en una entrevista en 1971 que viviría hasta los 100 años. Murió pocos días después, de un ataque al corazón, a los 72 años.
Nadie tiene la vida comprada. Dios nos advierte sobre este tipo de pensamientos, el creernos capaces de controlar o retener nuestras vidas.

Eclesiastes 8:8  No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra, ni la impiedad librará al que la posee.

Nadie puede determinar el día de su muerte, pareciera que tuviera alma propia, que la muerte es un ser que busca a quien devorar. Dios le dio esa autoridad cumpliendo así su propósito. La muerte es el juicio por mi pecado.

El Señor Jesús contó una parábola sobre un hombre, que como Joreme Irving, planificó vivir mucho, pero no temió a Dios y el epilogo de su vida fue INSENSATO.

Lucas 12:20  Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?

Pero tranquilo, hay esperanza. Todo aquel que deposite su fe en Cristo Jesús, todo aquel que cree en que Él vino al mundo, entregó su vida en rescate por nuestros pecados, y que resucitó para darnos vida eterna no debe temer a la muerte. Después de todo, la muerte será sólo el traspaso a su presencia. Jesús fue el único que supo cuándo y dónde iba a morir, lo predijo una y otra vez, y enfrentó a la muerte porque sabía que morir significaba la vida para mí. Él cruzó el valle de la muerte para darme vida eterna, Él sufrió el frio de una tumba para darme calor de hogar en la familia del Padre celestial.

Sí, es cierto, no podemos tener el control del día de nuestra muerte, pero sí la seguridad de dónde nos iremos cuando muramos. Gracias Dios por darme la salvación y vida eterna, gracias Padre por hacer que la muerte en mí sólo sea la forma de llegar a ti. Gracias Jesús por ocupar mi lugar y pagar el precio de mi pecado, gracias por vencer a la muerte y traer vida. Amén.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Creer o no creer, esa es la cuestión


Es interesante como somos los seres humanos, nuestra mayor tendencia es a desconfiar, a no creer. Quizá porque tampoco somos fieles y veraces en lo que decimos, quizá porque prometemos sabiendo que no lo vamos a cumplir, o que no esperamos que nos crean.

Pienso que muchas veces reaccionamos a lo que nos dicen los demás, porque pensamos que si nosotros estuviéramos en esa posición no lo haríamos sinceramente. Bueno, estoy especulando, no quiero decir que todos hacemos eso. Pero piensa un poco, cuando das una buena noticia a alguien, la gran mayoría dice: “¡no te creo!, ¡mentira!”.

Es curioso que pensamos lo mismo de Dios, cuando Él nos dio por anticipado un aviso y llega el momento no lo podemos identificar ni creer. No digo que no creemos en Dios sino que no le creemos a Él. Cuando estamos ante una promesa cumplida, ante una gran bendición llegamos a dudar hasta de dónde proviene.

Una vez di una ofrenda a un hermano que estaba pasando por una necesidad, realmente Dios movió mi corazón a hacerlo; y cuando se lo di me dijo: “¿y esto, para qué es?, no lo puedo aceptar, no hace falta.” Es increíble, Dios estaba proveyendo para sus necesidades y él se negaba a creer que era de parte de Dios. Pensaba que era por lástima o por compromiso, me persuadía a que le prestara el dinero en vez de que se lo ofrendara. ¿No somos así todos? Dudamos tanto de los demás que no podemos esperar algo gratuito o por amor, siempre pensamos que hay alguna razón escondida.

Los discípulos del Señor Jesús habían escuchado por mucho tiempo que Él sería entregado, muerto y que resucitaría al tercer día, pero la Biblia se encarga de aclarar que ellos no entendieron. Ellos decían: ¡qué lindo! Hace tantos milagros que puede resucitar, pero en realidad no creían que tal cosa sucedería.

Mar 16:11  Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.

De pronto entra en la escena una mujer agitada, casi sin palabras, tanto por el cansancio de haber corrido con la noticia como por la emoción, al contarles lo que sabía, que Jesús había resucitado, no le creyeron. Era todo muy reciente, todo muy traumático. Uno de ellos lo traicionó, el otro le negó, otro estaba todo el tiempo cerca pero no pudo rescatarle. Todos los que decían amarle escaparon. Era demasiada la culpa y el sentimiento de fracaso como para creer en esas cosas. Nosotros prometimos mucho y le fallamos, nadie cumple sus promesas. ¿Cómo crees que haya resucitado? Mujer, estás muy afligida por todo, muy estresada, no dormiste bien y estás alucinando. No te creemos.  

A través de la Biblia que Dios jamás juzgó el miedo del hombre, porque es natural en nosotros, pero sí la falta de fe, la duda. No creer en Dios, en lo que Él dice, no creerle a Él, eso sí es pecado. Dios te dice: “no temas, yo estoy contigo”. Te dice: “ten ánimo, confía”. Te exhorta: “cree en mí, no dudes”.

Quizá estás pasando por momentos en los que te cuesta creer que Dios está obrando, quizá te cueste ver la mano de Dios detrás de todo esto. Pero no dudes, créele a Dios, no decaigas en tu fe. No te olvides que Él es Dios; que es capaz de hacer todo de la nada. No pienses que Él hará las cosas como tú, no hará las cosas a medias sino perfectas, así como Él es.