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martes, 1 de marzo de 2016

En medio del dolor

A veces es difícil encontrar confianza en Dios en medio de las pruebas y dificultades. El dolor nos supera y nubla nuestra mirada pero es el mejor terreno para aprender a confiar en su poder y fortaleza, no es por la lógica sino por  pruebas donde puedes comprobar su buena Voluntad.

Tampoco creo en la trillada frase pseudo-confortante: “Es que Diosito quiere esto para mí”. En verdad puedes encontrar paz y seguridad en medio de las dificultades y la perdida de personas amadas.

Esto me ocurrió a mí:
En el 2013, en los primeros días del año, mi hermano Pablo falleció ahogado en un río en la ciudad donde nací. Fue muy traumático ya que llevó varios días perdido en el río, cuando lo encontraron, estaba en mala condición y su entierro fue inmediato. Él había llevado una vida desordenada y el alcohol había hecho estragos en su vida y la de su familia. Mi mamá de más de 70 años no podía superarlo, tuvo un periodo largo de depresión y deterioro de su salud. 

En junio del mismo año; el bebé en camino de mi hermano Daniel, falleció antes de nacer, otro golpe duro para la familia. En agosto por el día de mi cumpleaños, llamé a mi mamá por teléfono, yo vivo en Ecuador y ellos en Argentina. Al hablar con ella, me pidió que regrese, me extrañaba y no podía superar la muerte de su hijo y también su nieto. Le dije que no podría, pero a fin de año quizá sí. Sin saber que dos semanas después ella también partiría a la presencia del Señor. El día que me comunicaron de su muerte viajé a mi ciudad natal de una forma sorprendente porque pude conseguir pasajes y todo fue bueno en el viaje. 

Volví a Ecuador, a mi trabajo, en medio de tantos compromisos y actividades no tenía forma de enfrentarlo todo. A veces, esperamos el consuelo de personas cercanas o de los hermanos en la fe pero  no siempre lo encontramos. Llegó octubre, mi hermano Feliciano ingresó al hospital por un tumor en el intestino, al hablar con él por teléfono me dijo: “si quieres verme tienes que venir ahora, sino me despido de una vez de ti”. Ese mismo día viaje nuevamente a Argentina, pasé esa semana con él en el hospital. Estuve en su cuarto la noche que falleció, lo hizo sujetando mi mano. Pero antes de morir pude ver a un hombre que confiaba en Dios. Él me dijo: “¿Cómo puedo pedirle a Dios que me quite esta enfermedad si Él no termina aun lo que quiere en mí?”. 

Puedo decir que en medio de tantos problemas y tristezas no perdí mi confianza en Dios, pero hubo momentos donde la tristeza llenó mi corazón, momentos que tuve que mantenerme firme y poner cara de que: todo estaba bien.
Había personas que no entendieron lo que me pasaba por dentro,  juzgaban mi dolor diciendo que lo debía superar y que si yo confiaba en Dios no podía llorar. Hubo momentos en que me detuve con el auto en una esquina alejada, lloré desconsoladamente. 

En medio de todo este duro año pude disfrutar del amor, cariño y consuelo de los que realmente te aman. Dios estuvo en medio de todo este paso por el valle de la muerte, nunca me dejó, me acompañó en cada llanto y en cada noche de insomnio. El asunto no está en el problema sino en que puedas ser capaz de esperar un segundo más y dejar que Dios haga su parte. 

Dios sólo pide que confíes en Él y te promete:
Isaías 43:2  Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

jueves, 4 de febrero de 2016

El amor no tiene explicación

Existen muchos misterios en el universo, cosas que no podemos entender ni explicar; cosas que si te pregunta tu hijo de 4 años no sabes qué decirle y quizás salga con alguna frase trillada o simplemente le hagas un dibujo para graficar aquello inexplicable.
El amor es una de esas cosas que no se puede explicar o graficar, no hay formas de medir. Respuestas a: “¿Cuánto me amas?, de aquí a la luna, ida y vuelta”, son simplemente un intento fallido de dar sentido a algo que no lo tiene para el entendimiento humano.

Los hombres solemos ser tan básicos y concretos que ponemos al amor en estamentos de condiciones materialistas o demostraciones físico-afectivos. Decimos: “siento que me ama porque me regala cosas”, o “sé que me ama porque me abraza o da besos”. Algunos caemos en algo más carnal y resumimos el amor en términos sexuales o pasionales; otros en asuntos de respeto y protección o amparo económico. Pero la pregunta aquí es: “¿son malas estás cosas?”, no en lo absoluto, todo si está dentro de los parámetros correspondientes y son expresiones de amor que uno hace o da a su pareja. Pero ninguna de estas cosas definen al amor o miden al mismo.

Uno puede definir sensaciones, como: “cuando le veo siento maripositas en el estómago”, o “cuando me dijo que ya no más, sentí un vacío en el pecho y el alma se me salía”. Estas sensaciones expresan físicamente lo que ocurre en nuestra mente y corazón al enfrentar situaciones románticas o amorosas, pero ¿definen al amor?, no.

El amor o enamoramiento te lleva a hacer locuras, a desvariar, a perder el sentido de la realidad y noción del tiempo. Aumenta tu ritmo cardiaco, provoca sequedad en tu boca, insomnio, falta de apetito, excesiva fijación en detalles del aspecto personal; aumenta potencialmente la capacidad de mentir con tal de estar con la persona amada. Te hace vivir una ilusión ya que disminuye la percepción de los errores del ser amado y sobredimensiona sus atributos.

Uno por amor es capaz de hacer cualquier cosa, como viajar horas, mojarse bajo la lluvia, esperar horas a que llegue, gastarse todos los ahorros por comprar algún accesorio o regalo. Soportar el rechazo, los desplantes y hasta perdonar fácilmente cualquier tipo de mala actitud con tal no empeorar las cosas y no estar enojados. Te pones la camisa que jamás lo harías sólo porque a ella le gusta, te peinarías de ese modo porque a él le parece bonito. Todo, es posible si hay amor. Pero aun así todo esto no explica al amor, son sólo expresiones de algo que está en nuestro pecho, que nos oprime, nos hace llorar, reír, sudar, cantar, silbar, caminar como tontos y deambular en nuestros pensamientos de noche. Todo esto provoca el amor en nosotros.

Para las personas lógicas, el amor no tiene sentido. Para los científicos realmente no existe es sólo la reacción a impulsos electromagnéticos producidos por neuronas en conjunción con hormonas y estímulos sensitivos. Para los románticos es el todo de la vida, aun cuando no puedan explicarlo. Pero para el mortal promedio como yo es el sentimiento que hace mover tu vida en razón de alguien o algo. Es el vivo interés en el bienestar del objeto de tu amor, es la decisión de vivir junto a esa persona porque la amas y te ama a ti.

El amor no se puede explicar porque somos limitados a este tiempo y espacio, porque el amor en sí es una persona, es Dios mismo. Uno de los atributos de Dios es el amor, pero no como una expresión sentimental sino como una manifestación de su esencia. Dios es, hace y se mueve por amor. No quiero espiritualizar el tema, pero este es el punto referencial de cómo debemos expresar y entender el amor.

Si un novio le dice a su pareja que para mostrar amor deben tener relaciones sexuales, está basando su amor en sus instintos y deseos físicos y no en el interés por el bienestar del otro, ni en el cuidado que merece la dignidad de su novia. Si la chica le dice al novio, sino haces esto o aquello o si no cambias esto de ti, no me amas; ella está basando su amor en la satisfacción de sus caprichos y aspiraciones, pero no en la aceptación ni en el deseo del autodesarrollo de su novio. Esto para nada refleja el carácter del amor y mucho menos el carácter de Dios.

La Biblia habla de que el amor es sufrido, todo lo soporta y espera, todo lo cree, no ofende ni grita, no busca el mal; todos estos son atributos o acciones de Dios hacia el hombre y pruebas fehacientes de que el amor es algo real y vivencial, puedes practicarlo, puedes experimentarlo, puedes disfrutarlo.
Desde mi humilde opinión, no trates de explicar o encontrarle sentido al amor. El amor es algo que ocurre y se produce. Ocurre porque en cierto momento de tu vida conoces a alguien y te conectas con ella de una forma increíble y sabes que puedes crear una relación de amor con esa persona. Se produce, porque al conocer y descubrir a esta persona decides amarla y dedicarte a vivir un futuro con ella. El amor comienza a fluir y provocar todas esas cosas que vimos al inicio, comienzas a soñar y proponer una vida junto a este amor.

El amor no tiene explicación porque no hay recetas, sólo se forma; no tiene sentido porque en cada vida es una experiencia totalmente diferente, se amalgama en la química propia de cada individuo. No tiene forma porque no hace diferencia de clases, ni color, ni apariencia. No tiene medida porque es imposible amar bajo una regla, se ama con todo o no se ama.

No trates de darle un sentido, sino más bien un curso, dale una dirección; que tu amor hacia alguien esté bajo los parámetros de Dios, que sea Él quien te guíe a tomar las mejores decisiones. Construye con el fundamento eterno de su Palabra para que puedas gozar de los beneficios de vivir una vida digna ante Dios y los hombres. Da pasos de respeto y dignidad a tu pareja, hónrala, protégela, no permitas que caiga en boca de gente chismosa. Haz que tu amor sea un faro que guíe a otros hacia una relación de amor con Dios.


“El amor nunca deja de ser”, así lo explicó Dios para que nosotros podamos entender que el amor es lo que nos permite vivir, ser y sentir. Lucha por un amor verdadero, cree, sueña y da lo mejor de ti para amar y ser amado. No le busques la lógica, no te quedes con las malas experiencias, no te aterres tras las historias macabras de desilusiones de algún amigo. Sé tú mismo y vive lo que Dios te permite vivir, depende de Él y vas a encontrar el amor que tanto necesitas y deseas. Prepárate para amar a alguien así.

jueves, 7 de enero de 2016

La mujer que amas

Eclesiastes  9:9  Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.

Al final de cuentas, del trabajo te jubilas, los hijos crecen y se van, tu casa se vuelve grande y la vendes para terminar en un geriátrico o clínica de reposo. Así que sólo te queda la mujer que amas; puedes hacer grandes riquezas, muchos negocios y alcanzar un renombre en la sociedad, pero al llegar la noche y regresar a casa, nada es más importante en tu vida que ella.

Debajo del sol, las razones del hombre para vivir son cosas temporales, todo se deteriora, envejece, te lo roban, se te destruye. Bueno es parte de la vida y Dios mismo te da la posibilidad de disfrutar eso, por eso le llama vanidad, es algo vacío y temporal. Puedes construir todo un imperio, pero si Dios no te da el privilegio de disfrutarlo, terminas siendo un pobre y miserable y al final de cuentas de todo eso, lo más valioso que puedes tener es la mujer que amas.

No sé cuál es tu relación con alguna mujer, y hoy permítanme hablar a los hombres. No sé si tienes una esposa o novia, no sé si la mujer que amas es tu mamá porque aún no tienes pareja. Pero el enfoque de tu vida debe ser gozar con ella y hacerla feliz, no en momentos, no de a ratos, no por circunstancias, sino todos los días que Dios te dio. Este es el gran desafío de Dios para tu vida, esta es tu parte o lo que te corresponde.

Ninguna otra cosa en la vida te traerá mayor satisfacción de haber logrado algo como hombre, sino una mujer feliz a tu lado. El éxito de un hombre en la vida, se nota en el rostro de su esposa. Una foto familiar puede mostrar hasta dónde has llegado y cuánto has sacrificado en la vida; no me refiero a lo material porque al final de cuentas eso es sólo pasajero. Pero sí qué fue lo que lograste a lo largo de tu vida.


Pídele a Dios sabiduría para que puedas alcanzar esta meta. Busca a Dios hoy. ¿Qué haces para ocuparte de tu mujer?, invítale a hacer algo romántico hoy; llévale al cine, sal a caminar, regálale flores; esos detalles no sólo alagan a la otra persona, también hablan mucho de tu carácter y amor. Aprovecha tu tiempo en invertir en la mujer que amas.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Amor Comprometido

Las relaciones no se basan simplemente en el emocionalismo o la fantasía de los sentimientos, que aclaro, no están mal; pues debes sentir amor y apasionarte. Pero lo que mantiene y sostiene al amor es el compromiso, la decisión de permanecer y dar todo por la otra persona, obra o causa.

Hay personas que son auditivas y necesitan escuchar la frase “te amo” constantemente y así se sienten amadas. Otras son visuales y necesitan ver acciones que demuestren amor, para ellos no les sirven las palabras. Y otras son mixtas, necesitan ambas cosas; pero cualquiera sea el caso, siempre se necesita compromiso para hacer que el amor permanezca.

En un desayuno continental, que incluye huevos revueltos y tocino; una gallina participa y un cerdo se compromete. La gallina participa dando un huevo, hace su parte, da algo de sí; en cambio el cerdo se compromete, pone su vida, tiene que dar el tocino, da todo para que un desayuno se pueda disfrutar.

Si amas a alguien debes comprometerte y dar todo de ti. Si amas la obra de Cristo y su causa también, debes comprometerte con lo que dices que eres. Por eso dice la Biblia:

Romanos 10:9  que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

El punto aquí, es que tu boca esté de acuerdo con tu corazón y tus pensamientos, no puedes decir: “yo amo” pero tus acciones muestran lo contrario y no puedes actuar sólo por impulso sin tener un amor real en tu corazón.


Ya sea que ames a alguien, la obra de Dios o a Cristo mismo, comprométete y demuéstralo con palabras y acciones. 

viernes, 22 de febrero de 2013

Matrimonio, aprendiendo a vivir

Se nos ha preparado por más de 19 años para que seamos profesionales, hemos estudiado mucho para ser un médico, chef o ingeniero. Pero en un curso pre matrimonial de dos semanas se supone que aprendemos a vivir y sobrevivir al matrimonio.
Muchos nos casamos sin tener idea de la realidad y es más nos casamos con un cúmulo de ilusiones y fantasías que en  pocos meses se vienen al piso y comenzamos a pisar el crudo suelo de la realidad.
Esta realidad no quita el amor que sentimos por la pareja, pero nos lleva a hacer la pregunta más cruel del mundo, la que nos hace sentir culpables y la persona más desagradable por preguntarnos algo así, y es: ¿Por qué me casé?
Bueno, la idea es que podamos entender algunos puntos que puedan traer claridad a nuestra vida y ver cuál es el plan de Dios para un matrimonio; y entonces, aprendamos a vivir en pareja.

¿Por qué me casé?
Esta pregunta todos se han hecho, y no creo que sea un pecado el preguntárselo. Podría direccionar tu matrimonio si lo haces de la forma correcta; sin embargo creo que esta pregunta está hecha fuera de tiempo, deberíamos haberla hecho antes de  casarnos. Porque la razón por la que muchos nos casamos estaban basadas en necesidades y no en una clara visión de la vida y plan de Dios.
Necesidades propias: afectiva, de independencia, sexuales, o pensar que si me casaba iba a madurar y tener un status social aceptable.
El punto es que muchas veces cuando tenemos conflictos en el matrimonio la frustración aumenta porque no damos respuesta a esta pregunta. Entonces si identificamos la razón podemos encontrar una forma de aprender a vivir junto a mi pareja.
La gran pregunta errada - ¿y si me hubiera casado con? Esta es una de las peores preguntas que podemos hacer, porque se basa en una hipótesis en otra ilusión que no tendremos la respuesta, solamente suposiciones. La verdad es que no importa con quien te hubieras casado, si fue por la razón de suplir una necesidad personal,  ibas a tener los mimos conflictos.
El problema con estar con alguien por suplir una necesidad es que cuando esa necesidad es suplida y surgen nuevas necesidades y esta persona no las puede suplir, vas a buscar en otro lado llenarlas y esto podría ser terrible.

Qué dice Dios
Bueno la biblia es clara, Dios dice varias cosas acerca del matrimonio:
Efe 5:22  Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;
25  Maridos, amad a vuestras mujeres,  así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
31  Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.
33  Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.
Mat 19:6  Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.

El plan de Dios para un matrimonio es que ambos reflejen la fidelidad de Cristo y el amor de Dios para con la iglesia. Dios puede mantener un matrimonio feliz y en armonía bajo sus parámetros y guía. Dios puede y da todas las garantías y oportunidades para que seamos felices pero “por la dureza del corazón del hombre” no siempre es posible.
No existe la persona que Dios tiene para mí, pero una vez que encontramos una persona con la que decidimos casarnos esa persona pasó a ser la voluntad de Dios para mí, no por ser un individuo elegido sino porque todo lo que Dios dice sobre el matrimonio, cómo vivir y sus responsabilidades, serán cumplidas en él. No importa si es inmaduro, inconstante, si fue una mala decisión, sea lo que sea ahora que estamos casados esta persona es la voluntad de Dios y no lo puedo separar.

Qué hace el amor
El amor no mantiene el compromiso. El amor no llena los espacios vacíos, el amor no es el agüita de manzanilla sobre las heridas. El amor no ayuda a vivir conforme a la voluntad de Dios, el amor nos hace actuar como lo haría Dios, el amor es un mandato y el amor proporciona un ambiente de seguridad.
El compromiso que tenemos con la otra persona hace que nuestro amor sea más fuerte, mantiene y sostiene al amor. Me recuerda que debo amarla. El amor es una decisión y es un mandato de parte de Dios. Debo obedecerlo, cultivarlo y mantenerlo.
Habrán momentos en que pareciera que el amor no tiene fuerzas o ponemos el amor en otras cosas o personas, pero el amor debe ser algo claro que debo tener en mi vida, yo debo amar a mi pareja. Quizá no sienta amor de esposo, pero debería amarlo como a hermano, como a prójimo y hasta como enemigo pero debo amarlo.
El amor te ayudará a ti a seguir la dirección de Dios. A veces pensamos que si amamos el otro es beneficiado y se va a aprovechar de mi amor y para qué gastar tanto amor en alguien así. Pero cuando yo obro y actúo en amor, soy yo el beneficiado porque soy yo el que vive según Dios y Dios hará el resto. Por fe y obediencia debo vivir en amor.

Cómo caminar juntos
No toda la vida es color de rosas ni recibimos chocolates todas las mañana sobre nuestra almohada con una nota diciendo “te amo”. Así que para aprender a vivir hay que ser inteligente. Planificar y hacer proyectos que van a ayudar a que juntos tengamos metas en común y podamos aplicar los principios de vida.
  • Perdonar: al igual que el amor es una decisión, es tomar todas esas cosas malas que nos han hecho y dejarlos sobre el altar y cubrirlas con la sangre de Cristo, es decidir volver a comenzar a pesar de.
  • Amar: es decidir depositar  mi amor e interés en mi pareja a pesar de. Es decidir obedecer a Dios. Si no quiero amar no es un problema matrimonial sino un problema espiritual.
  • Asumir: tomar en cuenta que es lo que Dios pide de mí y asumir mi responsabilidad ante Él
  • Proyectar: juntos diseñar un plan de vida, a metas que puedan llegar juntos, puede ser algo material, espiritual, profesional. Pero donde ambos van a ser parte y colaborador del otro. Ayudarse mutuamente a alcanzar esa meta y comprometerse a cumplir su parte.
  • Consiente: reconocer que no podemos solos y necesitaremos la ayuda de alguien, aprender a reconocer los errores y buscar que alguien nos asesore, guie y supervise como vamos. Hacer una medición de la situación o evaluación para ver cómo hemos avanzado y qué cosas debemos fortalecer.
  • Expresivo: aunque nos cueste debemos expresar amor y cariño, aunque a veces nos sintamos cansados debemos enfocar nuestra atención en la otra persona y darle muestras sinceras de amor, pequeños detalles como se conocieron. El amor no es un concepto es una manifestación debemos expresarlo.














martes, 11 de diciembre de 2012

¿Me afecta la Navidad?

Siempre me he preguntado si la navidad debería afectar mi vida. Sí, es un tiempo donde todos se sensibilizan, el amor es lo que todos proclaman y últimamente lo comercial es lo que prima. Pero como cristiano ¿debe afectarme la navidad?. Justamente como hijo de Dios debe y mucho.
La navidad no es el mero hecho de poner un árbol con luces de colores y llenarlo con regalos, eso es lo que nos han vendido en el día de hoy. Obviamente que es recordar el nacimiento de Jesús, Dios hecho hombre. Y es ahí donde muchos tropiezan, aceptan a Jesús como salvador, a veces por verlo sangrante en una cruz y piensan: “Pobre Jesús, claro que le entrego mi corazón, si Él entregó su vida por mí, lo menos que puedo hacer es darle mi corazón.” Pero, yo no debo aceptar a Jesús en mi corazón porque Él sufrió sino porque es la única manera de ir al cielo, es Dios en la forma de hombre que vino a salvarme.
El hecho de que Jesús naciera, marca un antes y un después. Es como si de pronto por alguna razón en el patio de tu casa se levantara del suelo una gran roca, no la puedes remover, no la puedes partir, no la puedes quitar. Entonces tienes que aceptar el hecho de que debes vivir con eso por el resto de tu vida. Puedes optar por hacerte el ciego y pensar que no está ahí pero no es verdad, o puedes adecuar tu vida a la presencia de LA ROCA en tu casa. Del mismo modo Jesús llegó a nuestro patio, a este planeta y el que Él naciera debe afectar tu vida; ¿qué piensas hacer con esta verdad?, ¿harás como que nada pasa o vivirás según su presencia?
Siendo cristianos, debemos vivir según esta realidad, no festejar navidad porque es un tiempo de amor y buenos deseos sino por el hecho de que Dios mismo descendió y está en tu corazón ahora. Esto tiene muchas implicaciones, como por ejemplo: reconocer que Él existe, que vino para salvarnos, que se fue a prepararnos un lugar y que pronto volverá, mientras tanto debemos vivir esperando su regreso; debemos honrarle con nuestras vidas.
Pensar que Jesús no vino y que navidad es una campaña de mercado para vender cosas a fin de año, es como negar que no hubo diluvio, que no cayeron realmente los muros de Jericó o que no se dividió el mar Rojo. Negar algunas de estas cosas es desacreditar toda la Biblia, porque sacas uno de estos versículos o lo niegas y haces de Dios un mentiroso y aun tu fe se vuelve nada. Negar el nacimiento Jesús quita de tus posibilidades encontrar salvación porque sólo Él es “el Camino, la Verdad y la Vida”
Hch 4:12 ¡Sólo en Jesús hay salvación! No hay otro nombre en este mundo por el cual los seres humanos podamos ser salvos. (Biblia La Palabra de Dios para todos – 2008)
No importa si crees o no en Jesús, no importa si dices que eres ateo o agnóstico o de cualquier religión o filosofía, no puedes quitar el hecho de que Dios tomó la forma de hombre y murió en una cruz por ti. La Navidad existe no por los regalos ni por el amor que sienten las personas; la navidad es real porque Dios, el único y verdadero Dios, se hizo hombre y habitó entre nosotros para rescatarnos de la esclavitud del pecado y darnos vida eterna, una vida nueva junto a Él en el cielo. Si lo crees o no, no cambia lo que Dios hizo; que lo ignores o no, no resta poder ni amor ni perdón ni paz a Dios. Él te puede dar todo esto, si aceptas a Jesús como tu salvador. ¡Feliz Navidad!  

martes, 9 de octubre de 2012

La espera desespera

Es increíble lo difícil que es para el ser humano tener que esperar algo, hace unos años atrás escuchábamos un sonido particular al momento de hacer la conexión a internet y nadie se daba cuenta que llevaba varios minutos, pero ahora, si se demora más de 3 segundos, exclamamos: “¡está lenta esta tontería!”. En la medida que avanza nuestra modernidad nos vamos haciendo menos pacientes, todo debe ser inmediato y esto lamentablemente contagia otros aspectos de la vida, y no me refiero a ver los segundos que se demora en llegar un email sino a las áreas emocionales y hasta espirituales.


Un gran dilema entre los jóvenes hoy en día es la ansiedad por tener un noviazgo, pareciera que esperar no es algo que merezca mi consideración. En el mundo de desenfreno la espera no es algo que podamos tenerlo en nuestra lista de forma de vida. Pero hay dos decisiones cruciales en la vida de una persona, y ambas tienen que ver con una relación: la primera es que va a pasar con tu futuro, rechazas creen en Jesús o depositas en Él tu fe y lo aceptas como Salvador, esto determinará tu futuro eterno; la segunda es con quién te vas a casar. Y si bien nos preparamos para muchas cosas en la vida, para dar un examen, para un campeonato, para una presentación de música. A lo menos que le dedicamos tiempo es a pensar si es o no la persona correcta con la que me voy a casar. 

Hay dos aspectos en cuanto a la espera sobre el noviazgo, los que se desesperan por tener una pareja ya, y no pueden esperar y se agarran lo primero que pasó; y los que esperan demasiado y les va dejando el tren.
Los desesperados no miden la importancia de la decisión, piensan que no importa como es la otra persona el algún momento le va a cambiar, grave error, porque esto nunca sucede.
Los pasivos se ponen tan pretenciosos e indecisos que aun teniendo a una gran persona frente a ellos no lo ven, porque piensan que quizá van a encontrar algo mejor en otro lugar y desaprovechan lo que Dios les está dando. 

Un gran ejemplo es el mayordomo de Abraham, quien fue enviado para buscar una esposa para Isaac. Él espero, oró, miró, consideró, vio que se cumplió su pedido y recién allí habló con la muchacha y dio los regalos. Muchos no toman este proceso y se equivocan, comienzan por el final, dan regalos, coquetean y después oran esperando que Dios solucione sus problemas.
Gén 24:12  Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham.
13  He aquí yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua.
14  Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor.
21  Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado su viaje, o no.
22  Y cuando los camellos acabaron de beber, le dio el hombre un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez,
26  El hombre entonces se inclinó, y adoró a Jehová,
27  y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi amo Abraham, que no apartó de mi amo su misericordia y su verdad, guiándome Jehová en el camino a casa de los hermanos de mi amo.

Este hombre oró y esperó, entonces pudo ver la misericordia de Dios y lo alabó. Algunos se quejan hoy de su situación, de su pareja o de su soledad, pero si no oras, no esperas, no podrás ver la misericordia de Dios.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Expectativas al desnudo


Al mirar el hermoso anillo en la vitrina quedé impactado por su brillo y esplendor. Las luces de dicroica reflejaban y proyectaban colores hacia todo lo que le rodeaba. Consideré el precio y me parecía aceptable, era el anillo perfecto para pedir la mano a mi amada. Ya podía imaginar el rostro de asombro y emoción al momento de la pregunta más decisiva de nuestras vidas.
Pero de repente todo se tornó en un tono gris al saber que no era un diamante y muchos menos una piedra preciosa, solamente era un circón lo que adornaba el fino anillo bañado en oro. Qué desilusión, no era lo que esperaba, no era lo que aparentaba ni tenía el valor que pedían. Al saber su material real parecía muy caro y sin esplendor. Tristemente tuve que reconocer que mis expectativas habían sido muy altas, por lo que estaba viendo bajo esas luces.

Pero esto también ocurre en la vida real; hombres y mujeres se hacen ideas y crean expectativas sumamente altas de los demás y se desilusionan al caer en cuenta de la dura realidad. A veces esperamos demasiado de los demás.

Todos tenemos expectativas, es imposible evitarla, es parte de nuestro ser; el hecho de soñar y esperar algo de los demás, el hecho de planificar y vislumbrar un futuro mejor nos hace suponer que la realidad llegará en un momento a ser lo que soñamos por mucho tiempo.

Pero hay una diferencia entre las expectativas de los hombres y de las mujeres. Por eso existen grandes problemas en las relaciones; los noviazgos y matrimonios sufren por expectativas altas e irreales que al momento de no ser satisfechas traen sentimientos de frustración y algunos se sientes defraudados.

Debo confesar que no puedo saber qué quieren las mujeres, pero por la experiencia y la convivencia he aprendido a identificar ciertas tendencias y gustos, ciertas expectativas. Las expectativas de los hombres pueden ser muy altas, aunque podamos ser muy básicos en algunos aspectos, estas expectativas no satisfechas crean grandes problemas.  En promedio general muchos hombres tienen grandes expectativas en las mismas áreas, estás pueden ser:

-          Respeto: todos quieren ser respetados, pero a veces esta sensación de respeto en realidad es querer tener la razón, desear que sus ideas sean puestas por encima de los demás. Cuando estas ideas no son aceptadas se las toman como falta de respeto.
-          Espacio: desean tener un momento para ellos, como gatos que lamen su pelaje en una ventana, así también quieren no ser molestados, aunque pare el resto no están haciendo nada, los hombres se sienten cómodos en su espacio personal. Quieren tener sus cosas, sus amigos, sus días de deportes y su música, a veces sin importar lo que quieran sus esposas o las necesidades de familia.
-          Sexual: la sociedad nos ha moldeado a ver todo desde un punto de vista machista, no sólo a los hombres sino también a las mujeres. Ambos ven el aspecto sexual como algo machista, algo que el hombre aprovecha de la mujer. En cambio los hombres piensan o esperan tener en casa a una mujer que se preste a satisfacer sus deseos sexuales todo el tiempo; no tomando en cuenta muchas veces los sentimientos y disposiciones de las mujeres. Según la formación del mundo, ya sea por el cine, la televisión o la pornografía, muchos tienen a la mujer como un objeto sexual y piensan que ellas están para limpiar la casa y la cama.
-          Económicas: el sueño de llegar a cierta edad y tener un status social y económico puede ser el gran problema en muchos hombres. Ofrecen a sus parejas bienestar económico que con el tiempo se dan cuenta que no pueden cumplir. Esperan que su parejas aporten a la economía del hogar y no reciben lo que esperan, comienzan a culpar de malgasto del dinero o de mala administración y no se dan cuenta que muchas veces eso se debe a querer obtener una posición social que no corresponde a sus posibilidades económicas.
-          Sentimentales: todos queremos sentirnos amados, que la mujer esté perdidamente enamorada de uno, que nada ni nadie ocupe nuestro lugar en su vida; pero esto poco a poco, con el tiempo y la llegada de los hijos, se va acomodando a el nuevo grupo familiar y las prioridades en una mujer comienzan a cambiar. El problema es que muchos hombres confunden amor con atención, piensan que no recibir la atención que ellos desean significa falta de amor y por lo tanto quieren aplicar la ley del gallinero, donde el gallo con más gallinas es el mejor. Buscan así satisfacer sus expectativas afectivas en otras personas, creando un gran dolor en el hogar, ya sea por la falta de atención o infidelidad.
-          Gratitud: muchas veces esperamos agradecimiento por lo que hacemos, mientras las otras personas no lo ven como una hazaña sino como una obligación, como un deber, como algo que deberíamos hacer siempre y no tienen por qué gratificarnos.

Quizá puedan haber muchos otros aspectos en la vida de los hombre que crean falsas expectativas, pero según mis investigaciones, análisis y conversaciones con amigos y aun conmigo mismo, estos son los aspectos de mayor conflicto por expectativas altas al momento de llegar a una relación.

Los hombres muchas veces queremos que las mujeres se comporten como hombres, que piensen como nosotros y que reaccionen como nosotros lo haríamos, pensamos que si traemos flores y chocolates eso significa una noche de pasión. Que si traemos dinero eso representa respeto y posición, pero muchas veces nos olvidamos lo que dice el Señor.

Efe 5:25  Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
26  para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,
27  a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.
28  Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.

Las expectativas pueden ser satisfechas a la inversa, cuando uno entiende que el principal objetivo es amar a la otra persona, todo lo que se haga será con el fin de satisfacerla, ayudarla, sustentarla, cuidarla y protegerla, entonces uno se beneficia del resultado del amor, que es recíproco, que en definitiva es como amarse a uno mismo. Dice este pasaje que el Señor hizo todo por la iglesia a fin de presentársela a sí mismo. El que sale beneficiado es uno mismo por trabajar en pulir un diamante y lucirlo, una mujer que es amada se verá como una joya valiosa. 
Mis expectativas deben ser satisfechas por el amor que invierto en mi pareja, mis expectativas deben ser basadas en la sensatez y la cordura de la realidad y no de los sueños infantiles de los cuentos de hadas, ni en los morbosos enredos que propone el mundo. Mis expectativas deben ser suplidas por el cálido abrazo de provisión de Cristo, donde puedo gozarme en lo que Él me da, en su buena voluntad. Deben ser vistos con ojos de gratitud, sabiendo que todo don perfecto, que toda buena dádiva viene de lo alto, del Padre de las Luces.