lunes, 17 de septiembre de 2012

¿Por qué no?


He pedido a Dios que me ayude en ciertas ocasiones, le he rogado que me libre de algunos problemas y he pedido algo en particular, pero; como si el cielo estuviera en mi contra se me cierran las puertas, todo me sale mal; el dinero no me alcanza y lo poco que tengo parece que se me pierde.

Y es ahí cuando surge la pregunta: “¿Por qué no?, ¿Por qué Dios no me responde?. Y la verdad es que muchas veces no recibo una respuesta de Dios porque estoy pidiendo como “nene caprichoso” y no estoy atendiendo a lo que Él me quiere enseñar.

La oración es uno de los más grandes milagros que podemos disfrutar día a día. El simple hecho de poder hablar con Dios ya lo es. Pero a veces usamos la oración como el “call center” de una pizzería o cualquier otro negocio con servicio a domicilio. Llamamos, pedimos, damos las instrucciones de cómo “queremos las cosas” y colgamos.

En lo personal creo que Dios, a veces, nos pone en situaciones de aprieto para que pensemos si el problema no está en nosotros. Miren esto:

Hageo 1:6  Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.
1:7  Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.

¿No te suena conocido este episodio?, ¡sí, es mi vida y la tuya!. Parece que nada nos satisface, parece que siempre nos falta, parece que no avanzamos y es porque no estamos viendo cómo andamos. Dios nos ama tanto que quiere guiarnos a los mejores pastos, pero nosotros como tercas ovejas o “borregos”, diría yo; nos descarriamos sin mirar para dónde vamos. Es cuando Dios comienza a llamar nuestra atención y nos dice: “medita, piensa, examina tu camino”. No culpes a otros, no arrojes piedras al cielo, mira si el problema no está en ti antes de acusar a los demás o quejarte de Dios.

Una vez estuve en el centro de la ciudad de Quito en medio de un tráfico terrible, nos movíamos a 10 kilómetros por hora. Después de un rato observé que las personas del vehículo de adelante a cada instante me miraban, comentaban y volvían a mirar. Primero pensé que me conocían, luego pensé que hice algo malo; ya comenzaba a molestarme toda esta situación de que miren a cada instante. Hasta que al fin una de las personas sacó la cabeza por la ventana y me dijo: “señor sus luces están encendidas”. No me había dado cuenta que en algún momento puse las luces altas y estaba encandilando al de adelante. Yo me sentía molesto porque me miraban constantemente pero el problema era que yo les estaba molestando.
Hay algo que no está saliendo bien en tu vida, medita en tu camino. Puede ser que la respuesta esté en que  no estás haciendo algo bien. Puede que Dios quiere mostrarte un camino mejor. Llevarte a un lugar más seguro y lleno de bendiciones. Piensa en lo que Dios dice.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Consecuencias del pecado

Muchas veces pensamos que las consecuencias del pecado son visibles, el resultado de una mala decisión, como un embarazo no deseado, una enfermedad, traumatismos por un accidente por conducir borracho, etc. 

Es más, a veces pensamos que hasta que no aparezcan estas consecuencias, realmente no hemos pecado. Creemos que hay una línea de tolerancia, donde Dios soporta y soporta y soporta nuestra desobediencia, hasta que cansado se levanta y nos da un castigo. Pero esto está muy lejos de la verdad.

Las consecuencias del pecado son propias del pecado, es parte de él. Independientemente de la disciplina que Dios nos pueda dar. El pecado lleva consigo las consecuencias; si tengo relaciones sexuales fuera del matrimonio, lo natural es que pueda haber un embarazo o me contagie de alguna enfermedad. Si consumo alcohol puedo sufrir enfermedades por ello. Si apuesto voy a perder mi dinero, si como en exceso voy a engordar, no es un castigo de Dios, es el resultado de mis acciones.

Dios no te dio un hijo a los 17 años porque quiere castigarte. Un hijo es una bendición de Dios, la forma en que lo tienes puede ser la desagradable. Dios no te da SIDA porque andas de prostíbulo en prostíbulo, esa es una enfermedad que puedes tenerla hasta en un centro de salud, por no usar una aguja esterilizada. Las consecuencias son casi como la física y las matemáticas, son calculables, son parte de las estadísticas, puedes saber que dos más dos son cuatro y siempre serán así, si metes los dedos en los enchufes te va a dar corriente; no hay ningún misterio en eso.

Las consecuencias invisibles del pecado son: la pérdida de comunión, la pérdida de gozo, el estancamiento en la vida espiritual. La confusión en la vida, no saber qué hacer ni para dónde ir porque no tenemos la dirección de Dios, estamos solos y sin rumbo.

Lamentaciones 5:15  Cesó el gozo de nuestro corazón;
 Nuestra danza se cambió en luto.
5:16  Cayó la corona de nuestra cabeza;
 ¡Ay ahora de nosotros! porque pecamos.

El pueblo de Israel aprendió esto de la manera más dura, sus vidas llegaron a ser menos que pobres, su esperanza estaba agotada, su gozo había terminado y sus favores acabados. ¿por qué? Por el pecado.

Dios rechaza el pecado, cualquiera sea. Lo condena, hace arder su ira y su juicio viene sobre el pecador irremediablemente. Pero Cristo llevó nuestros pecados sobre sí y sufrió el castigo por nuestros pecados, para que nosotros seamos perdonados. Por eso Dios no nos castiga, sino que disciplina a aquellos hijos que han pecado nuevamente. El castigo cayó sobre Jesús y yo soy justificado.

Pero el pecado se manifiesta en la vida de todo aquel que lo comete. Examina tu vida, tu andar. ¿Tu vida no muestra gozo?, puede ser que estás cansado por todo y es porque no estás caminando con Dios, puede ser que no encuentras paz y no hay satisfacción en ti porque no dejas de amar al mundo. Si es así, confiesa tu pecado y camina a Cristo. Él te dará un nuevo caminar, una nueva dirección y traerá gozo a tu alma.

domingo, 26 de agosto de 2012

En la casa de Dios



Cada domingo vamos a la iglesia; no importa el clima, el cansancio o los compromisos familiares. La gran mayoría, de los que nos decimos cristianos, vamos a la iglesia. El porcentaje que no asiste muchas veces es porque tiene trabajo, está enfermo o en algunos casos, por pereza y falta de comunión. Pero en fin, casi todos los creyentes vamos a una iglesia el fin de semana. La pregunta es: ¿a qué?, a ver a los amigos, a cantar, a predicar, para no ser juzgados o que no me llame el pastor en la tarde.
Quizá uno vaya porque es una costumbre, santa costumbre. Sabe que es algo bueno, le gusta y cree que de ese modo está agradando a Dios y esto realmente tiene cierta verdad y valor. Estos son los aspectos secundarios de ir a una iglesia. Alguien podría decir: “yo voy porque quiero aprender de Dios”. Y está muy bien.

¿Cuál es la razón por la que vas a la iglesia?, ¿vas a llevar tu ofrenda, ya sea en dinero, esfuerzo o adoración?, ¿vas porque quieres que te vean como un hombre fiel?. Cualquiera sea tu razón, no escapa a los ojos de Dios; Él sabe perfectamente por qué vas, cuál es tu corazón, cómo son tus sentimientos, sabe lo que estás pensando y sintiendo en este preciso momento, lo sabe todo. Y por eso nos recomienda lo siguiente:

Eclesiastés 5:1  Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal.

Cuando vas a la iglesia ¿vas con un corazón dispuesto a ser confrontado con la Palabra de Dios?, debo incluirme en el grupo de los que pocas veces vamos con esa actitud, pues la gran mayoría de nosotros, vamos para hacer tantas cosas en la iglesia que muchas veces dejamos de oír a Dios. Nos enfocamos en las canciones, en el ministerio que debo desarrollar y en cómo estuvo la prédica; que dejamos de escuchar la voz de Dios. Los necios hacen eso y no se dan cuenta que hacen mal.

Hubo un fariseo que se paró delante de Dios y decía: “gracias Dios porque no soy como este hombre pecador”. El publicano ni se atrevía a mirar al cielo porque sabía que había pecado. Dos hombres ante Dios, pero sólo uno volvió justificado a su casa. Jesús dijo a Marta: “estás demasiado preocupada con los quehaceres que no aprovechas el tiempo para estar conmigo, María escogió la mejor parte”, ella estaba sentada escuchando al Maestro.

Cuando voy a la casa de Dios, debo disponer mi corazón a escuchar la voz de Dios y no a hablar tanto, a dejar que Él me comunique su verdad y no aturdirlo con tantas canciones. A esperar ansioso, qué es lo que quiere que yo haga y no decirle lo que quiero que Él haga por mí. Acerquémonos para oír más que para hacer. Dios siempre tiene algo que decirme y yo siempre tengo algo que cambiar.

jueves, 23 de agosto de 2012

Invitaciones santas



Es raro hoy en día escuchar a personas invitarte a hacer cosas santas, pareciera que esa invitación a las iglesias o los estudios bíblicos han perdido efectividad. La mayoría de las personas tratan de disfrazar estas reuniones como encuentros con amigos, la gente no ve como una razón de ir a una reunión de la iglesia el encontrarse con Dios sino con un grupo de amigos donde se habla algo de Dios.

Creo que esta manera de actuar entre los cristianos de hoy nos ha hecho perder mucho territorio en el mundo como luminares de Cristo. Ya no somos un faro en la obscuridad sino una habitación con un tono tenue de luz. Donde algunos, si prestan mucha atención, se darán cuenta que no decimos malas palabras o no actuamos como el resto. Pero no hacemos la gran diferencia, hay muchos grupos sociales y religiosos que quizá tienen mejor comportamiento que los creyentes de hoy.

Pero, ¿Cuántos te invitan hoy a ser santo?, la verdad es que pocos te invitan a caminar junto a Dios, dejando tu estilo de vida y costumbres mundanas; confrontándote con la necesidad de vivir de un modo diferente, de ser un claro reflejo de Cristo. Pocos son los que te dicen que esa música que escuchas, las películas que ves o las revistas que lees son malas, que no te edifican; quizás por miedo a que lo rechacen, por miedo a perder tu amistad o por dudas a si tomar una postura así, es correcta. La cuestión es que si algo va en contra de los principios de Dios, no sirve en tu vida, no te ayuda a crecer. Y no me vengas con la frase trillada de que eres maduro y que esas cosas no te afectan, porque a la larga siempre afectan y si no puedes o quieres dejarlas es porque realmente te tienen atrapado.

La invitación en el libro de Isaías es:
Isaías 2:5  Venid, oh casa de Jacob, y caminaremos a la luz de Jehová.

Quizá nadie te ha dicho algo así, quizá nadie te invitó a vivir para Dios, bueno; yo quiero hacerlo. Quiero invitarte a caminar bajo la luz de Dios, según sus principios y verdad, no bajo el costumbrismo de cristianos sino bajo la luz de Dios. Te animo a que desafíes a otros a hacerlo, que te juntes con alguien como compañero de camino, que leas junto a él la Biblia, que ores, que sirvas en tu iglesia y que puedan conocer cada día más a Dios.

Dios siempre te está invitando a caminar junto a Él, a saciarte en Él, a disfrutar de su cuidado, protección y provisión. Dios siempre está listo para que los que quieran, caminen bajo su luz y Él los guiará. Así que, ven conmigo a conocer más a Dios.

lunes, 13 de agosto de 2012

La fabula de Esopo


El asno, el gallo y el león
Estaban un gallo y un asno en un pastizal cuando llegó un hambriento león. Y ya iba el león a tirarse encima del asno, cuando el gallo, cuyo cantar se dice que aterroriza a los leones, gritó fuertemente, haciendo salir corriendo al león tan rápido como pudo. 
El asno al ver el impacto que un simple canto del gallo realizaba, se llenó de coraje para atacar al león, y corrió tras de él con ese propósito. 
No había recorrido mayor distancia cuando el león se volvió, lo atrapó y lo seccionó en pedazos.
Moraleja: Ten siempre presente que las cualidades de tu prójimo no son necesariamente las tuyas.

Esopo es el hombre que ha escrito las fabulas que todos conocemos, lo interesante de él, es que algunos tienen dudas de que realmente haya existido. Este fabulista griego escribió la famosa frase: “La unión hace la fuerza”.

Me llamó mucha la atención esta fabula en particular, porque a veces me he comportado de esa forma, al ver que algo funciona para otros pienso que puedo hacer lo mismo y que me funcione a mí.

Algunas personas no reconocen sus propias habilidades dadas por Dios y quieren vivir las vidas de otros, creen que si actúan como los que admiran podrán disfrutar del gozo de cumplir el propósito de Dios en su vida, pero tristemente no siempre es así.

Dios nos ha dado a cada uno capacidades, habilidades, talentos y dones que nos convierten en seres únicos, con un propósito fabuloso en Él; fuera de Él nada podremos hacer. Sin una comunión con Cristo pronto te secarás y dejarás de disfrutar las bendiciones de Dios y todo aquello que Dios te dio para que desempeñes tu rol en la vida será obsoleto.

Dios dice algo acerca de esto: Hebreos 13:7  Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe. 

El punto es ver lo que hacen los demás e imitar su fe. La confianza y dedicación que tienen para el Señor. Caminar con la misma convicción que ellos, no los mismos caminos. Tal vez puedas ver a un misionero o pastor que trabaja en lugares inhóspitos, difíciles y peligrosos; y trates de imitar su conducta haciendo lo mismo, pero si no tienes la misma convicción y fe, fracasarás.

Considera tus capacidades, tus habilidades, tus dones y pídele a Dios que te muestre qué debes hacer. Mira a otros que dieron pasos de fe e imita su fe, entrégate a Cristo como ellos lo han hecho.